Una característica en casi todos los candidatos presidenciales o parlamentarios “de derecha” en la campaña hacia las elecciones generales de este año: la soberbia.
La soberbia de quienes creen, están convencidos, que “la historia sopla a favor de ellos”, que tienen todas consigo. Esa soberbia los incita a hacer campaña “mirando desde arriba”, viéndonos a todos por el encima del hombro. Mintiendo, palabreando, fingiendo demasiado las sonrisas, recorriendo sitios donde no suelen ir, haciendo el ridículo.
Rosangella Barbarán, congresista y candidata a diputada, publicó un video para las redes sociales haciendo campaña con ebrios y bailando con ellos. Diego Bazán, congresista y candidato a diputado, publicó su video pedaleando una carretilla de venta de helados y se comparó con el postre. Norma Yarrow, congresista y candidata a diputada, en entrevista televisada con el periodista Humberto “Beto” Ortiz, insinuó que los pobres en Perú deben conformarse con “pistas, agua potable y títulos prediales”. César Vásquez, quien fue Ministro de Salud bajo el gobierno de Dina Boluarte y candidato a senador, se grabó en un video de campaña bailando para, según él, “atraer el voto de los jóvenes”. Juan José Santiváñez, infame sujeto, dos veces ministro con Boluarte y engreído de los sectores “de derecha” (¡cómo se caía en vivo la saliva del periodista Diego Acuña cuando lo entrevistaba), hace campaña para senador diciendo que él es el “terror de los 'progres'”. Podríamos continuar con más ejemplos, pero son suficientes.
Los abanderados presidenciales no se quedan atrás: doña Keiko F., ex congresista y cuatro veces candidata presidencial, miente descaradamente y promete que combatirá la criminalidad organizada “deportando inmigrantes venezolanos” con una policía migratoria, similar a los Estados Unidos. Por su parte, el ex alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, candidato presidencial y senatorial, concedió una entrevista por televisión al economista Augusto Álvarez Rodrich y el psicólogo Juan Carlos Tafur donde no sólo lucía física y mentalmente agotado (¿quién le mandó a empezar su campaña demasiado temprano?) sino que repitió incoherencias como que, si él fuese alcohólico, hubiera ido con una botella, o que sólo cree en las encuestas de intención de voto que él paga. Paradójicamente, los candidatos “centristas” o “de izquierda” no tienen esa actitud.
Faltan un poco más de dos meses para las elecciones generales y los sectores “de derecha” creen que, con algunos de sus abanderados más notorios, se alzarán con el triunfo. No conciben que la ciudadanía los castigue en las ánforas por todo lo que han dicho o hecho desde la intentona golpista del 07 de diciembre de 2022. Cuando despierten a la realidad, cuando choquen contra el muro popular de la desilusión, la apatía, el enojo y el rencor, reaccionarán. Será tarde.
Al margen
de la propaganda “progre”, entre los sectores “de derecha” no existe un “pacto”
sino una confluencia de intereses desde el 07 de diciembre de 2022, que
-inevitablemente- deberá someterse al voto popular.
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