Ese día Abimael Guzmán, el “Presidente Gonzalo”, jefe
de los terroristas de Sendero Luminoso, cayó tras doce años de haber iniciado
su guerra de lágrimas, sangre y destrucción.
Fue obra del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), unidad
de la dirección contra-terrorista de la Policía Nacional. Constituido por el
gobierno del APRA en 1990 para ubicar y capturar a las cúpulas de Sendero
Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), la otra
organización terrorista que también causó dolor y ruina al Perú. Entre los
integrantes estaban los mayores policiales Benedicto Jiménez y Marco Miyashiro.
El jefe de la dirección contra-terrorista era el general Antonio Ketín Vidal.
En junio de 1990 el GEIN estuvo cerca de capturar a
Guzmán cuando allanaron varias viviendas en Lima. En una, el cabecilla
senderista había vivido. Se incautaron armas de fuego, propaganda proselitista
y documentación. También capturaron varios senderistas y, por primera vez, hallaron
ropa, bebidas y enseres de Guzmán, con lo cual no sólo se confirmó que “vivía”
(hay quienes lo dudaban) sino que sufría una enfermedad cutánea.
En enero de 1991, el GEIN volvió a estar cerca de la
captura de Guzmán. Esa vez se incursionó en dos casas de San Borja, días después
que los senderistas las habían dejado. No hubo capturas, pero se incautó abundante
material documentario y fílmico. De esa incursión vino el conocido video donde
se ve a Guzmán reunido con su comité central bailando “Zorba el griego”. Por
primera vez se identificaba a los integrantes del comité central senderista y
se veía a Guzmán como un burgués ordinario.
Aunque hasta abril de 1992 el GEIN había realizado
importantes capturas de senderistas y emerretistas, incautado arsenal y
documentación de ambas organizaciones terroristas, además de haber
desarticulado secciones senderistas importantes como Socorro Popular o El Diario, para la dictadura de Alberto
Fujimori no formaba parte de la “nueva estrategia anti-terrorista”. Se decía
que el asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos y el generalato militar
solían reírse del GEIN llamándolos “Los caza fantasmas”.
Sin embargo, una paciente labor operativa, que incluyó
averiguaciones (la incursión en la academia preuniversitaria César Vallejo),
vigilancia (a una vivienda en Surco, una panadería en Surquillo), seguimiento
(a Carlos Incháustegui y Maritza Garrido Lecca, “lugartenientes” de Guzmán) y búsqueda
de basura (hallaron cigarrillos y medicinas dermatológicas), permitieron al
GEIN capturar a Guzmán en la noche, quien no opuso resistencia. Ketín Vidal
llegó también. En ese momento Fujimori no estaba en Lima.
Lo demás es historia: Guzmán encerrado con traje a rayas
y enjaulado, el juicio con “jueces sin rostro” a él y la cúpula senderista
(anulados en 2003 por el Tribunal Constitucional para realizar nuevos juicios
conforme al “debido proceso”), la torta de cumpleaños de parte de Montesinos,
las apariciones de Guzmán en TV, el “acuerdo de paz” de 1993 una semana antes
del referéndum constitucional, la división senderista entre “pro-seguir” y los
“acuerdistas”, etc. También cómo Fujimori desactivó el GEIN y se negó a
reconocerle méritos, cómo Jiménez, Miyashiro y otros sólo recibieron
reconocimiento de Ketín Vidal y cómo éste sólo recibió condecoración del entonces
alcalde de Lima, Ricardo Belmont, etc.
Que el fujimorismo en el Congreso declare “héroes de
la democracia” (una mención demasiado “manoseada”) a los integrantes del GEIN
sólo es uno de tantos honores que merecen quienes ayudaron decisivamente a derrotar
el terrorismo.

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