Inspirada en la relativamente exitosa marcha nacional del 05 de noviembre contra el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno, sectores “de derecha” convocaron otra el 20.
A diferencia de la vez pasada, donde el rostro convocante más visible fue el afable abogado Lucas Ghersi (hijo del ex diputado Enrique Ghersi), esta vez era la periodista Claudia Toro, tan aplaudida como rechazada. Fue un fiasco. Si la anterior marcha en Lima congregó entre diez mil a veinte mil personas, esta vez no llegaron ni a mil. Hubo marchas en Cusco, Trujillo y Tacna, pero alcanzaron algunas decenas de manifestantes. Es evidente que existe un problema de organización, convocatoria, mensaje, etc., pero creo el mal mayor es que las voces sensatas son desplazadas por voces extremistas. Las pancartas en la marcha del 20 lo evidenciaron.
Esas voces no son anti-comunistas sino “anti-izquierdistas” y no son “demócratas”. Lo expresan aplaudiendo o idolatrando a personajes extranjeros como el presidente polaco Andrzej Duda (autoritario e integrista católico), el primer ministro húngaro Viktor Orbán (autoritario y corrupto) y hasta el autócrata ruso Vladimir Putin (señor de la guerra en Ucrania), pero en América Latina admiran al narcisista presidente salvadoreño Nayib Bukele.
Detengámonos en El Salvador. ¿Qué gusta de Bukele en sectores “de derecha” peruanos?, ¿tienen esas personas alguna idea de qué ha hecho Bukele o qué está ocurriendo en El Salvador?. Hijo de inmigrantes libaneses, Bukele llegó al poder en 2019 con una afilada retórica populista y autoritaria. En tres años, Bukele “se cargó” la Asamblea Legislativa opositora, la Corte Suprema de Justicia, la Corte de Cuentas, la Fiscalía General de la República y el Tribunal Supremo Electoral. También ha destrozado a los principales partidos políticos opositores, el derechista ARENA y el izquierdista FMLN. Se echó en el bolsillo a los militares y ha despilfarrado miles de millones de dólares del erario público en criptomonedas, que hoy valen menos que ayer y mañana valdrán menos que hoy. Bukele también es un enemigo de la libertad de expresión y ha forzado el exilio de periodistas críticos. Para colmo, preside un gobierno muy corrupto, con funcionarios públicos que, incluso, están sancionados por los Estados Unidos. Si no me creen, busquen en Internet información de la diputada Claudia Ortiz, una de las pocas opositoras que habla fuerte.
Entonces, ¿dónde está el “atractivo” de Bukele?. En su “mano dura”: torciendo el régimen de excepción previsto en la Constitución de 1983, ha impuesto en El Salvador un “estado de guerra” para combatir las salvajes pandillas salvadoreñas llamadas “maras”. La criminalidad callejera ha disminuido, pero Bukele se está llevando por delante a muchos inocentes, a quienes su gobierno ha recluido en cárceles violando elementales derechos humanos. La baja criminalidad también sería consecuencia del “pacto secreto” entre Bukele y las principales pandillas, MS13 y Barrio 18.
Todos sus abusos y todas sus arbitrariedades han traído problemas a Bukele con el sistema interamericano. Por eso es enemigo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y he allí otro “atractivo”: se ha envuelto en el chácharo discurso “anti-globalista”, que tanto excita a sectores “de derecha” en el Perú, para que nadie afuera de El Salvador critique sus desvergüenzas.
Creo
entender por qué esos sectores “de derecha”, si simpatizan con Bukele, convocan
poca gente a marchar contra el “hombre sin sombrero”. Quien escribe tampoco
marcharía con ellos.
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