Las playas (limpias) son de todos


Sol, arena y mar. Toalla, sombrilla y bronceador. Viaje a la playa y nuevas denuncias de “discriminación”.
 
Según reportajes propalados por las televisoras Latina y Panamericana Televisión, habría “discriminación” en el acceso a las playas de Naplo (Pucusana) en el sur de Lima y al otrora exclusivo balneario de Ancón en el norte de la capital. Vecinos y residentes de ambos lugares estarían “discriminando” a los visitantes, quienes provienen de las zonas más populosas de Lima Norte y Lima Sur, respectivamente. Los acusan de ensuciar las playas con desechos de alimentos, bebidas o demás.
 
De acuerdo con las imágenes de camarógrafos, los visitantes de ambas playas arrojan todo desperdicio a la arena y no suelen utilizar los tachos de basura municipales. Inclusive los varones no usan los baños públicos y orinan cerca de las casas colindantes quedando malos olores. Cuando reporteros preguntan por qué arrojan basura a la arena, los interrogados evaden responsabilidades o responden malcriadamente, pero la Defensoría del Pueblo ha recordado a todos que la discriminación en el acceso a las playas está prohibida legalmente desde 2009.
 
Las playas son públicas. Deben estar limpias y seguras. Estas funciones corresponden a los gobiernos locales. Durante los fines de semana en el verano, personal de limpieza y ornato de la Municipalidad Distrital de Ancón recoge centenares de bolsas de basura en las playas. Mantener limpias y seguras las playas cuesta: parte es pagado a través de los arbitrios. De ahí que las autoridades municipales debieran esforzarse por mantener las playas limpias. Colocar carteles "prohibiendo" el ingreso a la playa con alimentos o bebidas NO es suficiente.
 
¿Qué ocurre cuando las autoridades municipales son incapaces de mantener limpias y seguras las playas?. Entonces vecinos y residentes se encargarán de limpiar y cuidar, porque no quieren un ambiente insalubre e inseguro. Quizá realicen la limpieza y cuidado personalmente o “contraten” a otros para que lo hagan. Bien, pero cuando lleguen visitantes que son o parezcan “sucios”, esa gente resentirá la presencia de intrusos e, instintivamente, tratará de impedirles la llegada, confinarlos a un área específica o negarles la libertad de tránsito por las playas.
 
Esto puede servir de pretexto para discriminar por raza, fortuna o belleza física. En Ancón parece existir “doble discriminación”: quienes viven todo el año en el balneario serían “discriminados” por quienes acuden solamente durante el verano. Residentes “discriminarían” a vecinos y ambos sectores “discriminarían” a visitantes, quienes no serían tan bonitos, aseados y adinerados como los primeros.
 
Quienes ensucian las playas lo hacen, porque no les cuesta la limpieza. Cuando la autoridad municipal, de alguna u otra forma, les traslade el costo diario de limpiar, lo pensarán dos veces antes de ensuciar. Corresponde a los gobiernos locales cumplir con quienes pagan arbitrios y esperan playas limpias y seguras, además de garantizar acceso público a esas playas manteniéndolas limpias y seguras.
 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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