¿Por qué perdió el fujimorismo?

Finalizó el ballotage presidencial. Ganó el economista y ex ministro de Economía y Finanzas, Pedro Pablo Kuczynski.

Doña Keiko F., ex congresista, hija mayor del ex dictador Alberto Fujimori y candidata presidencial del fujimorismo, ha sido derrotada nuevamente tras su intento de 2011. Una semana antes, las encuestas de intención de voto le daban el triunfo. ¿Qué pasó?.

El camino a la derrota no empezó con la atemorizante mayoría absoluta obtenida en las elecciones parlamentarias, las expresiones triunfalistas de varios políticos fujimoristas, las promesas cada vez más demagógicas, la rivalidad política con Kenyi F., el polémico “jale” del economista Elmer Cuba o los “pactos” con mineros ilegales, pastores evangélicos homofóbicos, sindicalistas criminales o transportistas mercantilistas. Ni siquiera con la agresividad verbal de Doña Keiko durante el debate en Piura o la denuncia de la cadena de noticias internacional Univisión, recogida por América Televisión, que involucraba al congresista Joaquín Ramírez, entonces secretario general del fujimorismo y principal financista, en investigación por la Drug Enforcement Administration (DEA) de los Estados Unidos.

No. Comenzó con una torpeza: a través de un espacio al aire pagado en Panamericana Televisión, los periodistas Fernando Viaña y Hugo Guerra presentaron un audio que pretendía desacreditar la denuncia de la otra televisora privada, pero días después se reveló que estaba editado y había sido entregado por el empresario José Chlimper (en 2007 dijo que él reprimiría la huelga de estibadores de entonces con “su pistola”), candidato vicepresidencial fujimorista.

Doña Keiko defendió a Chlimper, minimizó la denuncia sobre el audio “trucho” y cuando Kuczynski se lo confrontó en el debate en Lima no supo responder. El golpe fue demoledor. Su discurso ordenado y su “buena imagen” se desdibujaban rápidamente. El apoyo de la izquierda radical a Kuczynski, los ataques de los diarios El Comercio y La República y la última marcha ciudadana “anti-Keiko” la agarraron políticamente vulnerable. Cerró su campaña hablando de “no votar con odio” y que ella haría un “gobierno de concertación”, pero el daño era irreparable. De nada sirvieron las adhesiones del Partido Popular Cristiano, la congresista Carmen Omonte (disidente de Perú Posible) o el ex diputado Francisco Diez Canseco ni el “espaldarazo” del alcalde de Lima, Luis Castañeda. Tampoco la adulona entrevista radial del abogado “anti-rojo” Aldo Mariátegui, la defensa virulenta de la actriz Karina Calmet en la red social Twitter ni las explicaciones mediáticas del escritor Víctor Andrés Ponce sobre por qué debía ganar el fujimorismo.

Los simulacros de voto realizados durante los días previos a la votación, cuyas cifras estaban prohibidas de difundir en el Perú y que se conocían fuera, reflejaban que Kuczynski subía en la preferencia electoral mientras Doña Keiko se estancaba. Definitivamente, ella hizo un gran trabajo político-proselitista para casi ganar, pero no pudo o no quiso ver el desastre antes que se avecinara.




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