En plena campaña electoral
municipal y regional, el escritor Mario Vargas Llosa (Premio Nobel de
Literatura 2010) ha vuelto al centro de la controversia con explosivas
declaraciones públicas.
Dijo que haría campaña para
evitar que la ex congresista e hija del ex dictador Alberto Fujimori, Doña
Keiko F., gane las elecciones presidenciales de 2016, como lo hizo hace tres
años. Los fujimoristas ya lo han criticado ferozmente y la aludida le respondió
malcriadamente. Insisten que Vargas Llosa sigue resentido por la derrota
electoral de 1990 ante Fujimori.
¿Realmente, hay resentimiento?.
Recuerden o entérense si no lo sabían que, durante los veinte primeros meses de
Fujimori, cuando el Perú aún vivía bajo la carcomida democracia sostenida por
el APRA, el Partido Popular Cristiano, Acción Popular y la Izquierda Unida, Don
Mario no formulaba críticas al Poder Ejecutivo. Incluso se retiró de toda
actividad política. Los resentidos eran otros, no él.
¿Cuándo empezó el
anti-fujimorismo de Vargas Llosa?. Sin duda, el 05 de abril de 1992 cuando
Fujimori cerró el Congreso, derogó la Constitución de 1979, intervino el
Ministerio Público y el Poder Judicial, “reorganizó” la Contraloría General de
la República, desactivó el Consejo Nacional de la Magistratura y el Tribunal de
Garantías Constitucionales, “purgó” el Jurado Nacional de Elecciones, disolvió
las asambleas regionales y, además, impuso censura mediática y ordenó arrestar
opositores. Así nació el anti-fujimorismo de Don Mario y otros demócratas en la
política, el periodismo y la intelectualidad.
¿Este anti-fujimorismo tiene
cabida desde la restauración de la democracia?. Vargas Llosa cree que sí,
porque ve a un fujimorismo poco evolucionado y a su lideresa demasiado
comprometida aún con la liberación del padre, condenado por violación a los
Derechos Humanos, crímenes de lesa humanidad y corrupción a gran escala. No es odio
a Doña Keiko o sus ideas, sino contra la opción política autoritaria y venal que
todavía representa.
Respeto a Don Mario y acepto sus
opiniones, pero no las comparto, porque él sólo es uno de los millones de electores
y electorales que decidirán dentro de dos años quien será el próximo inquilino
o la próxima inquilina del Palacio de Gobierno por el siguiente quinquenio
presidencial. Así como Vargas Llosa quiere advertirnos de los peligros que él
ve en un triunfo de Doña Keiko, nosotros podemos decirle que puede estarse
equivocando y, quizá, él no descarta del todo esa posibilidad.
¿Doña Keiko puede “victimizarse”?.
Lo dudo, porque una vez más el mismo Fujimori opacó a su primogénita al gritar
al país que el Gobierno nacional “lo está
matando” y exigir, a través de su estrafalario abogado defensor, que le
reinstalen un teléfono público que tenía en su cómoda celda del cuartel
policial.
El propio Fujimori consigue que
el anti-fujimorismo de Don Mario siga vigente, la hija y el movimiento político
no rompan con el pasado y que haya peruanos y peruanas convencidos que haber
apoyado al rival electoral de Doña Keiko en 2011 fue lo mejor.

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