Posiblemente, no conozcan quién fue Carlo María Cipolla.
Cipolla era un historiador italiano, especializado en economía. Nacido en 1922, estudió en la Universidad de Pavía y, después, en la London School of Economics, en Gran Bretaña. A partir de la década de 1950, fue catedrático universitario, tanto en Italia como los Estados Unidos. Cipolla pasó a la historia por su ensayo de 1988 titulado en italiano Allegro ma non troppo (traducido al español sería Alegre, pero no demasiado), donde formuló su célebre "teoría de la estupidez humana".
Cipolla, un gran admirador del economista británico del siglo XVIII Jeremy Bentham, formuló cinco leyes fundamentales de la estupidez: 1) Siempre subestimamos el número de estúpidos. 2) Los estúpidos son independientes de cualquier otra característica personal. 3) Los estúpidos dañan a otras personas sin obtener beneficio propio o, incluso, perjudicándose a sí mismos. 4) Los no-estúpidos subestiman el daño que pueden causar los estúpidos. 5) Los estúpidos son las personas más peligrosas que pueden existir. Partiendo de la tercera ley, Cipolla elaboró un gráfico de cuadro cuadrantes sobre el comportamiento humano deduciendo la existencia de cuatros grupos de individuos: los inteligentes, los incautos, los estúpidos y los malvados. Desde una perspectiva económica y filosófica, Cipolla prefería a los malvados que a los estúpidos.
¿Por qué la mención a Cipolla?. Fue lo primero que se me vino a la mente cuando escuché la noticia que el politizado Tribunal Constitucional declaró fundada la acción competencial presentada por la repudiada Presidenta de la República para que se detengan las investigaciones preliminares en fiscalía contra ella por corrupción administrativa y violaciones a los derechos humanos. Se regresa al criterio de estricta literalidad sobre la inmunidad presidencial establecida en la Constitución de 1993, pese a que el Ministerio Público y el Poder Judicial venían aplicando un criterio más laxo desde 2022 durante el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo.
Los magistrados del politizado Tribunal Constitucional son “incautos”: creen que están beneficiando a la sociedad, pero se están perjudicando a sí mismos. ¿No son conscientes que cuando las tornas cambien ellos serán denunciados y enjuiciados penalmente por esta sentencia?. La Presidenta de la República es una “malvada”: ella y su malogrado Gobierno están triturando las instituciones y el imperio de la ley para el beneficio de sí misma. Los sectores “de derecha”, que siguen sosteniendo políticamente a Su Excelencia, son “estúpidos”: no cesan en su ambición de “cargarse” la democracia restaurada en 2001, pero no se percatan que están liquidando (todas) sus chances electorales en los comicios generales del próximo año. Por fortuna, los “inteligentes”, quienes desean el beneficio propio y, al mismo tiempo, el beneficio ajeno, son más y se manifestarán en las ánforas el siguiente año.
Cipolla
murió en el año 2000, pero su teoría sociológica para estar más vigente que
nunca. Especialmente,
en Perú.
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