Perú, Juan Guaidó y la izquierda radical


Ahora el mundo tiene ojos y oídos sobre Venezuela.

El 23 de enero, Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, se juramentó como “presidente interino”, porque previamente los diputados habían declarado “usurpadora” la dictadura de Nicolás Maduro (en el poder “por herencia” desde 2013), que dos semanas antes se entronizó espuriamente por seis años más. Guaidó se juramentó con la Constitución de 1999 prometiendo “el fin de la usurpación”, un gobierno interino y elecciones libres.

Tarea muy difícil. A parte de una realidad económica y social apocalíptica (hiperinflación desbocada, escases y desabastecimiento de alimentos y medicinas, colapso de servicios del Estado, desempleo agobiante, etc.), una criminalidad espeluznante (asesinatos, secuestros y robos muy violentos) y éxodo masivo de venezolanos al exterior (en el Perú hay 700 mil venezolanos), Maduro tiene controlados el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y la Fuerza Armada Nacional, aparte de milicianos y fuerzas parapoliciales dispuestos a defender a “sangre y fuego” su dictadura corrupta y criminal. De momento, Guaidó cuenta con el reconocimiento de los Estados Unidos, que le puede permitir controlar los activos de la industria petrolera venezolana en el exterior, acceder a los fondos por la venta de petróleo y solicitar préstamos o ayuda humanitaria. La Unión Europea aún tiene posición neutral. Canadá se sumó al reconocimiento estadounidense. Rusia, Turquía e Irán están con Maduro. China todavía no se pronuncia.

En América Latina, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, la República Dominicana, Panamá y Paraguay reconocen a Guaidó. Bolivia, Cuba, El Salvador y Nicaragua siguen apoyando a Maduro. La (falsa) postura neutral de México y Uruguay parece complicidad. La dictadura está muy herida, pero no muerta.

El Perú fue uno de los primeros países en reconocer a Guaidó. La posición de Torre Tagle ha sido aplaudida por políticos de distintas tendencias, excepto la izquierda radical. Mejor dicho, las dos facciones de izquierda radical en el Congreso: por un lado, quienes siguen a la ex congresista Verónika Mendoza y, por el otro, quienes lidera el ex sacerdote católico y congresista Marco Arana. Ambas facciones hablan de “golpe de estado”, declaran “legítimo” a Maduro, piden “diálogo”, denuncian “imperialismo yanqui” y pregonan el “principio de no-injerencia en asuntos internos”.

¿En qué cabeza cabe a estas alturas la defensa de una dictadura abiertamente señalada por vínculos con el narcotráfico y el terrorismo internacional y acusada por cometer violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad?, ¿cómo puede la izquierda radical ser tan “amoral”?, ¿es la ideología o los intereses?. Tengámoslo presente cuando nos pidan nuestro voto en elecciones.

Nota aparte: no le alegra que el ex dictador Alberto Fujimori volviera a su prisión en el cuartel policial, pero es orden del Poder Judicial. Creo él tiene razón cuando dice que su “final está cerca”. Preparémonos.


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