Entre la polémica por la adenda al contrato de
concesión para el aeropuerto de Chincheros en Cusco y el “choque” del Congreso
contra el Fiscal de la Nación por el caso Odebrecht, pasó inadvertida la nueva
arremetida religiosa de la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas.
En una conferencia sobre familia y política educativa
realizada en el hemiciclo del antiguo Senado, donde concurrieron pastores
evangélicos, el congresista oficialista Moisés Guía pidió la destitución del
Presidente de la República si no deslinda con la “ideología de género”. Tras
esta felonía, Guía tildó de “mentirosa” a la Ministra de Educación por no
admitir que se ha introducido la “ideología de género” en el nuevo currículo básico
(primaria y secundaria) para educación pública y privada, la cual sustituye
otra de 2009 y que se implementará este año.
Al mismo tiempo, activistas católicos y evangélicos
están desplegando una campaña propagandística de afiches, banderolas y carteles
por Lima y otras ciudades contra la “ideología de género” acompañadas de
amenazas al Gobierno nacional y la desafiante consigna “¡Con mis hijos no te metas!”.
El proyecto de ley de unión civil no-matrimonial entre parejas del mismo, que
la Cámara aún no debate, ha pasado a segundo plano. El objetivo de católicos y
evangélicos fundamentalistas es “tumbarse” este currículo escolar diseñada en
2015, porque -según ellos- contiene la “ideología de género”.
Ya aclaré que NO existe la “ideología de género” sino
los “estudios de género”, un conjunto de estudios multidisciplinarios sobre la
formación de la identidad masculina y femenina. Académicamente, es complicado
de explicar, pero el nuevo currículo sí tiene un componente del “enfoque de
género” tendiente a desterrar prejuicios culturales que sustentan el machismo y
la violencia familiar, que conllevan a feminicidios, abandono del hogar,
maltrato infantil y violación sexual. Sin embargo, líderes y activistas católicos
y evangélicos siguen “machacando” que la “ideología de género” (ojo, insisten
en hablar de “la ideología”) promueve el aborto y la homosexualidad.
A diferencia de Colombia, Venezuela o, incluso,
México, el Perú nunca tuvo conflictos religiosos en el pasado. Por eso muchos
sacerdotes católicos y pastores evangélicos no saben las consecuencias del
fanatismo religioso, que hoy disfrazan como “defensa de la vida y la familia”,
pero que sólo es machismo y homofobia. Ignoran el daño social que hacen con sus
prédicas de intolerancia u odio desde púlpitos y altares. No entienden la
democracia, la libertad y la igualdad ante la ley, existentes desde el siglo XIX.
No se puede debatir con quienes no aceptan más texto para entender el mundo que
la Biblia (tan ambigua y contradictoria como cualquier texto religioso antiguo)
y creen que el Estado es un instrumento para imponer una interpretación
teológica.
Que la Ministra de Educación garantizase que se
respetará el (anti-evangelizador) curso de Religión, puede amainar a la Iglesia
Católica, pero las iglesias evangélicas seguirán con la arremetida. Veremos qué
ocurrirá.

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