Esta semana el Defensor del Pueblo envió una durísima carta abierta al Palacio de Gobierno.
En la misiva, publicada en varios medios de comunicación, la Defensoría del Pueblo exige al Gobierno nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 una nueva estrategia de políticas públicas frente a la pandemia viral COVID-19 en el Perú.
Aparte de señalar el drama social de seis millones de desempleados (todas las estimaciones anteriores quedaron cortas), a consecuencia de la brutal recesión económica (la agencia financiera estadounidense Bloomberg indica una contracción de 30% del PBI en el segundo trimestre de este año), la carta cuestiona que, tras cinco meses de decretado el Estado de Emergencia, el toque de queda y el “aislamiento obligatorio” en el país, el Perú esté ubicado entre los países del mundo con mayor tasa de contagios y fallecidos por la pandemia.
La Iglesia Católica y personalidades de la opinión pública (muchas no son opositoras al Gobierno) se han sumado al pedido por un cambio, porque es evidente el fracaso. Más personas siguen falleciendo y enfermando. Continúa faltando camas y unidades de cuidados intensivos disponibles en hospitales públicos y clínicas privadas, balones de oxígeno medicinal, ventiladores mecánicos, medicamentos, mascarillas y ropa protectora para médicos y enfermeras, etc. Más personas siguen contagiándose en las colas para entrar a las agencias bancarias (imágenes recientes de gente peleándose por un espacio dentro de una cola en Trujillo y otras ciudades es deprimente) y los mercados de abastos. También en los paraderos para abordar vehículos de transporte público. Son los verdaderos focos de contagio de la pandemia.
Sin embargo, dos días después el “aventurero” contestó a través de sus “conferencias de prensa” desde el Palacio de Gobierno. Dijo que falta poco tiempo para “dominar” el virus (¿?), aseguró que su reparto de bonos no ha “fracasado” (¡hasta hoy no sabemos cuánta gente cobró algún bono!), volvió a culpar vilmente a la población por la expansión de la pandemia (habló de parrilladas, quinceañeros y besos) y prometió treinta millones de vacunas contra el virus.
Por favor, imploro a todos no creer más en las mentiras del “aventurero”. No hay ninguna vacuna hasta hoy. La vacuna anunciada en Rusia no está internacionalmente comprobada y los prototipos de vacuna desarrollados en China, Brasil, los Estados Unidos y Gran Bretaña demorarían en llegar al Perú, mínimo, hasta el próximo año. Mientras tanto, el ángel de la muerte seguiría rondando por el país. El Servicio Informático Nacional de Defunciones (SINADEF) estima que, a finales de agosto, habrían fallecido por la pandemia alrededor de setenta mil personas.
Para quienes se esperanzan en el Presidente del Consejo de Ministros o la Ministra de Salud, la última “conferencia de prensa” del “aventurero” debiera abrirles los ojos. Ambos son dos funcionarios públicos mediocres y petulantes. Contra todo razonamiento científico, el primero dijo que las pruebas serológicas para detectar el virus son mejores que las pruebas PCR. Además, se niega tercamente a que el Gobierno implemente “cercos epidemiológicos”, como reclaman médicos y especialistas. La segunda dice ahora que sin el confinamiento general de marzo, abril, mayo y junio hubiese habido “quinientos cincuenta mil contagiados”. ¿De dónde obtiene esa cifra?, ¿dónde están los informes técnicos que sustenten su afirmación?.
No habrá
ningún cambio. Entiendan todos. Especialmente, en el Congreso. No tenemos otra
alternativa: el “aventurero” debe irse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario