Lamento boliviano no, peruano sí ("ESPECIAL")

 

En Bolivia ha habido un giro político e ideológico significativo.

Desde la vigencia de la Constitución de 2009 será la primera vez que habrá una segunda vuelta electoral presidencial y la disputarán dos candidatos derechistas: el senador Rodrigo Paz Pereira, hijo del ex presidente Jaime Paz Zamora, y el ex presidente Jorge “Tuto” Quiroga.

Paz Pereira obtuvo alrededor 31.9% de votos válidos frente a Quiroga, quien obtuvo alrededor de 26.9%. En tercer lugar, quedó el empresario y político Samuel Doria Medina, con alrededor de 20.3%. Abajo quedaron los candidatos izquierdistas, que pertenecen o pertenecieron al Movimiento al Socialismo (MAS), partido político neo-indigenista que formó y lideró Evo Morales, el facineroso autócrata que desgobernó Bolivia durante trece años. Andrónico Rodríguez, presidente del Senado, obtuvo sólo 8% y Eduardo del Castillo, ex Ministro de Gobierno, apenas 3.1%. Morales, quien tiene un juicio penal abierto por estupro a una adolescente, llamó al "voto nulo" y, apenas, consiguió alrededor de 19%.

La segunda vuelta será en octubre. Probablemente, ganará Paz Pereira, porque Quiroga tiene un discurso demasiado confrontacional y extremista que le impide sumar apoyo político de Doria Medina o Manfred Reyes Villa, alcalde de Cochabamba y quien estuvo asilado en Perú perseguido por Morales. Hay un fuerte sentimiento colectivo anti-establishment y un potente deseo de cambio. Bolivia sufre una crisis económica aguda: la inflación es alta, el déficit fiscal está disparado y el endeudamiento externo es enorme. Además, el control cambiario y la falta de inversión privada han secado las fuentes de divisas. Por tanto, existen dificultades para importar productos de primera necesidad. Durante los años de Morales en el poder, Bolivia vivió una farra populista financiada por flujos de capitales en hidrocarburos que se creyeron “eternos”. Hoy se ven las consecuencias y se requerirá un durísimo ajuste económico, tal vez con la misma contundencia que el aplicado en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei.

En Perú, los sectores “de derecha” se pusieron, otra vez, anti-comunistas, despotricaron del socialismo e inflaron pecho por lo sucedido en Bolivia. Fantasean con su “ola derechista que recorre el mundo”, pero siguen sin verla. A último momento, Paz Pereira canalizó el descontento ciudadano contra Morales y el presidente Luis Arce: por eso su masiva captación de votos en los comicios, que haya arrasado electoralmente en varios departamentos y se llevase casi todo el porcentaje de 21% de indecisos que hasta una semana antes de la votación no sabían a quién votar.

Aquí la situación es parecida, pero ideológicamente contraria: aún no aparece el candidato presidencial que canalice todo el altísimo descontento ciudadano contra la repudiada Presidenta de la República y los sectores “de derecha” que la sostienen políticamente en el putrefacto Congreso. Aquí la (apresuradas) encuestas de intención de voto indican que los indecisos rondan el 50% o más de sondeados. En Perú no es apremiante el tema económico, pero sí la seguridad ciudadana.

Sí hay una diferencia: en Perú no aparecerá alguien como Paz Pereira dispuesto -junto a Doria Medina y otros políticos- para que retorne “la Bolivia de los acuerdos”, como fue ese país en las décadas de 1980 y 1990. No, en Perú será un “vengador”, dispuesto a “cargarse” lo que quede de la democracia restaurada en 2001 y arrasar con el decadente status quo defendido por los sectores “de derecha”.

Parafraseando el título de esa canción celebre de la banda de rock argentina Los enanitos verdes, Lamento boliviano, lo que habrá pronto es un “lamento peruano”.

 

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