Llámelo milagro de Navidad, pero el Presidente de la
República logró que el Congreso no lo destituya por (supuesta) “incapacidad
moral permanente”.
Anteriormente, vimos cómo el “escándalo Odebrecht” nos
condujo al inicio del proceso de destitución presidencial, ahora veremos por
qué en la Cámara no se alcanzaron los votos requeridos: debían ser 87, pero
sólo votaron a favor 78, en contra 19, 21 abstenciones y 10 no votaron. Si la
suerte estaba echada para Su Excelencia, ¿cómo cambió la situación?.
Al principio, el ánimo parlamentario mayoritariamente
era favorable a la destitución, pero conforme los días transcurrían hasta el
decisivo jueves 21, la incertidumbre política se apoderó del país: los tipos cambiarios
en dólares se dispararon y los índices de la Bolsa de Valores de Lima se
desplomaron. Varias aclaraciones, más acusaciones, muchas dudas, demasiadas mentiras.
El día anterior el Presidente de la República anunció públicamente que si él
fuese destituido, sus vicepresidentes renunciarían por lealtad. Entonces
asumiría el Presidente del Congreso, quien hubiese debido convocar
inmediatamente a elecciones. Según muchos entendidos, elecciones generales y muchos
congresistas temían no ser reelegidos.
El fracaso de la destitución sí es una victoria de Su
Excelencia, aunque mezquinos en televisión, radio o prensa escrita digan lo
contrario. Derrotó al fujimorismo en la Cámara, pero con ayuda. El liderazgo de
doña Keiko F., ex congresista y dos veces candidata presidencial, ha quedado
mellado. Su hermano menor, Kenji, congresista, consiguió que nueve colegas
ajenos al cogollo keikista (“moto-taxi”) le sigan rompiendo la mayoría absoluta
fujimorista. La satisfacción del oficialismo era notoria y así quedó plasmado
en el apretón de manos entre Kenji y el congresista Juan Sheput en la Cámara. Pronto
habrá adentro una degollina política.
Las dos facciones de izquierda radical se han dividido
irremediablemente. Los “rojos” acaudillados por el ex sacerdote católico y actual
congresista Marco Arana votaron a favor (repitiendo cuál disco rayado “nueva
Constitución”) y, a partir de ahora, los tildarán de
"pro-fujimoristas". Los “rojos” de la ex congresista Verónika Mendoza
marcaron asistencia y se retiraron de la Cámara (incluso el “rojazo” Manuel
Dammert), pero creo no querían ir a elecciones generales, porque aún no tienen
el movimiento político legalmente inscrito.
Alianza para el Progreso votó por la abstención,
excepto el pastor evangélico y congresista Julio Rosas (un fundamentalista
religioso) quien votó a favor. Al día siguiente, renunció a la bancada. En
Acción Popular, el congresista Víctor Andrés García Belaunde y alguien más
votaron a favor, porque “Vitocho” creyó que si habían nuevas elecciones, su
candidato presidencial “ungido” por él tendría éxito electoral. Por su ambición
ha perdido liderazgo frente al congresista Yonhy Lescano y los demás que se
abstuvieron. En el APRA sólo los congresistas Jorge del Castillo y Luciana León
se abstuvieron, mientras el resto votó a favor y ya hay amenazas de sanción
disciplinaria.
En los medios de comunicación Phillip Butters (quien
se precia de ser “decente” y “culto”, pero es un “troglódita”) y Aldo Mariátegui (conocido
abogado acriollado con pinta de “chulo”), promotores de la destitución,
perdieron y que se quejen lo que quieran. También perdieron el abogado Diethell
Columbus, el comunicador social José Carlos Requena e, incluso, el escritor
Víctor Andrés Ponce, quienes “aseguraban” que el Presidente de la República
caería.
¿Qué debe hacer ahora Su Excelencia?. Reorganizar su
gabinete ministerial y elaborar una (nueva) estrategia política con el
Congreso, porque no podemos volver a vivir otra situación similar. El Perú no
lo merece.
Feliz Navidad a todos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario