El sábado pasado una asociación de aportantes y ex-aportantes al Sistema Privado de Pensiones organizó una gran protesta callejera.
Era una convocatoria nacional, pero hubo protestas sólo en Lima, Trujillo, Piura y Puno. Los convocantes tenían dos exigencias: la derogatoria de la reforma previsional aprobada por el putrefacto Congreso el año pasado y la aprobación legal de un octavo retiro de fondos del sistema. Pese al súbito interés oportunista de varios políticos demagogos, incluida la repudiada Presidenta de la República (su palabra no vale nada), la convocatoria fue un fracaso. En el Centro de Lima, apenas congregó algunos cientos de manifestantes. Muchos eran la típica muchachada “roja”.
A días de la marcha, voces mediáticas más conocidas de la “progresía” limeña, esas izquierdosas elites políticas, intelectuales, académicas y hasta artísticas, alentaron a la ciudadanía a participar. Incluso la abogada Rosa María Palacios (a quien el sociólogo Eduardo Dargent ya identifica como "progre") insinuó públicamente que era el preludio de un futuro “estallido social” (no ayudaron las cínicas declaraciones públicas de Su Excelencia sobre que “el peruano ya aprendió” a no protestar) y en las redes sociales Facebook, X (otrora Twitter), Instagram y TikTok, activistas “progres” intentaron alentar la participación juvenil y convertir la marcha en una protesta popular contra el malogrado Gobierno nacional y el impopular e “ilegítimo” Congreso. En distintas cuentas circularon imágenes de las recientes violentas protestas callejeras en la lejana Nepal, donde los jóvenes manifestantes provocaron la caída del primer ministro maoísta Khadga Prasad Oli e incendiaron la sede del Parlamento Federal en Katmandú, la capital nepalí, además del incendio de varios edificios públicos y viviendas de políticos, sin mencionar los linchamientos populares.
Mediante las reiteradas comparaciones con los últimos sucesos políticos en Nepal (ha juramentado la jurista Sushila Karki como primera ministra interina y deberá haber una solución política fuera de la rígida Constitución de 2015), parecía que la “progresía” limeña quiso copiar el ejemplo nepalí. En las redes sociales circulaba la frase “Código Nepal”. No sorprende: hace rato que la “progresía” limeña fantasea con repetir el “bochinche callejero” de noviembre de 2020, que “se cargó” el gobierno de Manuel Merino. No le resultó como esperaba.
¿Por qué fracasó la marcha?. Primero, porque la mayoría de la población trabajadora no cotiza en el Sistema Privado de Pensiones ni en el Sistema Nacional de Pensiones. Simplemente, no cotiza. Por tanto, no tendrá pensión de jubilación. Por tanto, el problema no es con ellos. Segundo, porque quienes desean retirar dinero del fondo privado de pensiones son muy poca gente. Después de siete retiros en los últimos cinco años, queda poca gente para retirar y quienes aún no han retirado, es evidente que no desean hacerlo. Exceptuando el diario La República, ningún medio de comunicación alentó la protesta. El empresariado aplaude la reforma. Por supuesto, el “rojerío” está encantado de la vida: habla del “fracaso” del Sistema Privado de Pensiones (¿en qué fracasó?) y propone desaparecerlo o propiciar el retiro definitivo de todo el dinero, con la complicidad de un político gansteril en el putrefacto Congreso, otrora militante del APRA, quien hace tiempo debiera estar en la cárcel, pero desea convertirse en candidato presidencial el próximo año.
¿La reforma
previsional de 2024 es buena?. Para nada. Exceptuando la prohibición explicita
de más retiros, es malísima. Es hechura de los sectores “de derecha”,
autoritarios y mercantilistas, que ensucian todo lo que tocan. No espero ningún
serio debate previsional. Por lo pronto, Lima no será Katmandú.
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