El poder o la salvación

 

Parece que el “aventurero” llegado a la Presidencia de la República tras la sucesión constitucional de 2018 está desesperado.

Apareció el martes en otra tediosa “conferencia de prensa”. Lucía patético: dijo que la destitución a votar por el Congreso el lunes 09 afectaría “la vida y la salud del Perú”, en alusión a la pandemia viral COVID-19. Leyó un comunicado apoyándolo de mil ochocientos alcaldes (gandules “comprados” con transferencias presupuestales, muchos de los cuales se “festinaron” dinero público y son investigados por la Contraloría General de la República) e insistió en el adelanto de la fecha para la votación de la destitución en el Congreso. Al final, éste lo ignoró.

A su vez, el “aventurero” agradeció (póngale comillas) a todos los peruanos sus “conductas ejemplares” durante la pandemia (después que este impostor nos acusó de propagar el virus) y lanzó la campaña publicitaria #LuchaPerú, una cursilería simplona para sentimentalistas (con ridícula fotografía grupal incluida), con la cual el Gobierno nacional pretende que olvidemos a más de 80 mil fallecidos por la pandemia (no ha terminado), las miles de empresas en quiebra y los millones de desempleados por la recesión económica y hasta el brote epidémico de difteria.

El “aventurero” estaría atormentado. Si creyera que en el Congreso no hay votos suficientes para destituirlo, ¿por qué la angustia?. Es simple: el “aventurero” quiere permanecer en el poder, pero también que todas las revelaciones sobre los supuestos sobornos recibidos para licitar obras públicas cuando presidió el Gobierno Regional de Moquegua hasta 2015 desaparezcan. No quiere investigaciones ni citaciones a declarar. Teme nuevas revelaciones a través de los medios de comunicación. Quiere archivados todos sus casos en el Ministerio Público. El fiscal especial lo ha citado nuevamente para el 12 de noviembre señalando que el “aventurero” muestra una actitud de “rebeldía”. El fiscal anticorrupción designado por la Fiscal de la Nación (quien ha quedado “pintada en la pared”) ha ordenado reabrir varios casos contra el “aventurero” archivados en las fiscalías de Moquegua.

El “aventurero” está aterrado. Sólo así se explica la denuncia del fiscal especial sobre un “reglaje” de la Policía Nacional a la vivienda de uno de los cinco aspirantes a colaboración eficaz, quien acusa al “mal bicho” de haber recibido los sobornos. El Ministerio de Interior no desmintió el hecho, pero lo excusó. De igual modo, el periodista César Hildebrandt ha denunciado un propósito encubierto de censura a su semanario por la Ministra de Justicia y Derechos Humanos (a quien tilda de “rastrera”), porque éste ha revelado nueva información sobre los supuestos sobornos.

Si el segundo intento de destitución en el Congreso fracasase, probablemente, habrá un tercero. El “aventurero” está políticamente moribundo. Las revelaciones no cesarán. El deterioro del Gobierno es irremediable. Pronto llegará el momento cuando el “aventurero” deberá decidir entre aferrarse al poder o huir para salvarse.

Creo ustedes saben qué decidirá.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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