Lección democrática

 

A pesar de la tragedia actual del Perú, no podemos evadir la imprescindible reflexión.

¿Cómo llegamos tener a ese “aventurero” ascendido a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 y su incompetente, corrupto y mentiroso Gobierno?. Si ese “aventurero” autoritario y narcisista está en el Palacio de Gobierno y no oculta sus afanes continuistas, fue porque muchas personas, dentro o fuera de la opinión pública, no quisieron aceptar el resultado de la voluntad popular libremente expresada en las ánforas.

El gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki y la mayoría absoluta fujimorista en el Congreso fueron el resultado del voto mayoritario en las elecciones generales de 2016. No importa cuál fue el voto de tal o cual persona sino la suma de votos válidos. Por desgracia, hubo quienes consideraron “indignante” la victoria de Kuczysnki (hasta la tildaron de “ilegítima”) y, simultáneamente, hubo quienes consideraron “aberrante” que el fujimorismo de doña Keiko F., ex congresista y dos veces candidata presidencial, obtuviera 73 escaños de 130 en la Cámara. ¿Por qué?.

La explicación está en un sofisma instalado algunos años antes en nuestra cultura política: no es necesario creer en la democracia, las instituciones, el imperio de la ley y el pluralismo político para vestirte de “demócrata” sino oponerte a quien, supuestamente, no cree en esos valores. Esta falacia, que no existió durante la transición a la democracia, en los años 2000 y 2001, fue impulsada inicialmente por los “rojos” y “rojimios” contra Doña Keiko en la campaña para las elecciones generales de 2011. Había que impedir el “regreso de la dictadura”, aunque nadie aclaró cómo unos comicios libres podían establecer una dictadura. Por supuesto, Doña Keiko y los fujimoristas se la pusieron fácil con su (barroca) reivindicación de la dictadura de la década de 1990. Ella perdió.

Para la campaña electoral de 2016, Doña Keiko y el fujimorismo intentaron (sin convicción) mostrar una imagen política moderna y democrática. Sin embargo, los “rojos” y “rojimios” se endurecieron más convirtiendo su falacia absurda y estúpida en una “verdad política”: oponerse al fujimorismo significa que eres “demócrata”. Tras perder legítimamente, Doña Keiko y el fujimorismo resintieron la derrota, se victimizaron, buscaron culpables y empezaron a “ensombrecer” (sin pruebas) los comicios para ellos vestirse de “demócratas” reivindicando un “triunfo robado”. Mejor dicho, copiaron a la perfección el sofisma de sus enemigos políticos: oponerse al “indigno” Kuczysnki, te convertía en “demócrata”. Este juego político sectario y destructivo no podía terminar bien. Tarde o temprano ambos jugadores perderían. Fueron vencidos por ese “aventurero” felón, arribista, mediocre y cínico que hoy nos desgobierna.

Oponerse a “rojos” y “rojimios” o al fujimorismo no te convierte en “demócrata”. Si usted pretende pasar por “demócrata”, comience por aceptar la voluntad popular libremente expresada en las ánforas, aunque no sea de su agrado. Así estos difíciles años no habrán pasado en vano.

 

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