Leí un
artículo del abogado Aldo Mariátegui (a veces tengo esa debilidad) en el diario
Perú21.
“Alditus”
(gusta le llamen así) escribió sobre el documental La Revolución y la tierra,
dirigido por el cineasta Gonzalo Benavente, que aún se exhibe en algunas salas
de cine en Lima y provincias. El documental es sobre la dictadura del general
Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y la reforma agraria de 1969. Es producción
fílmica cofinanciada por el Ministerio de Cultura en 2016.
Vi el
documental y no me gustó. El acervo hemerográfico es excelente, pero la
narrativa está sesgada. Se intenta mostrar a Velasco como un “hombre fuerte”
(nunca le dicen dictador), quien intentó “hacer justicia” mediante de la
redistribución de la tierra rural, pero fracasó. Aparentemente, más por
factores extrínsecos que intrínsecos al proceso mismo. Algunas personas en la
sala a la cual fui aplaudieron al finalizar la función, pero eran muy pocas,
todas jóvenes, tal vez “rojos” o “rojimios” y -quizá- nunca han visto un
documental en su vida y no tienen idea de quién fue Velasco. En lo personal, no
la recomiendo.
Sin
embargo, en su artículo, “Alditus” arremetió contra el dueño del grupo
propietario de una cadena de salas de cine por permitir la exhibición del
documental, después citó una inadecuada frase leninista, dijo que el
empresariado peruano “se merece” que un nuevo Velasco “acabe” con ellos y más
sarta de tonterías.
Quienes
conocemos a Mariátegui sabemos que vive “obsesionado” con Velasco, lo “odia”
(¡cuarenta y dos años después de muerto!) y si por él fuese, ese episodio
histórico sería “borrado”. Precisamente, es la misma actitud hacia el
documental. En lugar de preguntar por qué en el Perú no hay una casa productora
de documentales históricos (como Clío TV en México, del historiador mexicano
Enrique Krauze) capaz de grabar documentales objetivos para televisión o cine,
sin sesgo ideológico, que compitan con “rojimios” como Benavente, “Alditus”
pregona la censura.
Es el
reflejo de la actitud de la derecha conservadora -y parte de la derecha
moderada- hacia la historia reciente del Perú: no quiere hablarla, conocerla,
debatirla ni asimilarla. Prefiere un “relato heroico”, en el cual exalta a
“sus” buenos y vitupera contra “sus” malos.
Por eso “Alditus”
despotricaba hace tiempo del Informe final de la Comisión de la Verdad y
Reconciliación sobre el “conflicto armado interno” en el Perú entre 1980 y el
año 2000 tildándolo de “pro-terrorista” y por eso dedicó un artículo entero al
economista Carlos Boloña, ministro de Economía y Finanzas de Alberto Fujimori y
cómplice (con su firma) del golpe del estado del 05 de abril de 1992, fallecido
en 2018, a quien él valoró como un “campeón del liberalismo económico”,
ignorando -por ejemplo- a Pedro Beltrán, presidente del Consejo de Ministros y ministro
de Hacienda y Comercio entre 1959 y 1961, un “liberal de derecha” sin
cuestionamiento penal.
“Alditus”
es incorregible, pero sí es corregible un inútil revisionismo histórico de
derecha, porque en el Perú es suficiente con el de izquierda.

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