Erre con erre..., con la izquierda radical

En el Perú la izquierda radical no aprende. Sigue retrograda, ideologizada y cínica.

No bastó con la ruptura de la facción parlamentaria surgida de las elecciones generales de 2016 entre el movimiento Tierra y Dignidad del ex sacerdote católico y congresista Marco Arana, quien tiene el membrete de “Frente Amplio”, y el movimiento Nuevo Perú, liderado por la ex congresista Verónika Mendoza, conformado por disidentes de Arana. Los “mendocistas” esperan que el Tribunal Constitucional declare inconstitucional la enmienda reglamentaria del año pasado que impide la conformación de nuevas bancadas parlamentarias para dar sentido al alejamiento con los “aranistas”.

Por ejemplo, “aranistas” y “mendocistas” en el Congreso rehusaron apoyar una moción de orden del día en la Cámara rechazando el proceso constituyente convocada por la dictadura de Nicolás Maduro, condenando la brutal represión y solidarizándose con la Asamblea Nacional opositora pretextando “asuntos más importantes”. Además, el ex diputado y congresista Manuel Dammert, “mendocista” y “boca-floja” desde la década de 1980, aplaudiendo la Constituyente en la red social Facebook, a pesar de la inconstitucionalidad y el vicio de los comicios y el desconocimiento por los Estados Unidos, Canadá, catorce países de América Latina, la Unión Europea, varios países europeos y hasta el Vaticano.

De otro lado, en la Comisión de Trabajo y Seguridad Social del Congreso se discute un proyecto de ley para promover el empleo juvenil asumiendo el Estado el aporte del empleador a ESSSALUD. En el mercado laboral esta norma no tendría mayor impacto, pero el congresista Justiniano Apaza, un viejo sindicalista de la década de 1970 y hoy “mendocista” (presidente de la comisión), ha dicho que él ni la izquierda radical permitirán la “Ley Pulpín 2.0”, en maliciosa referencia a la “Ley que promueve el acceso de jóvenes al mercado laboral y la protección social” de 2014, que ocasionó airadas protestas de estudiantado y sindicalistas de izquierda radical y fue derogada sin haberse aplicado.

Por último, frente a las huelgas departamentales de maestros del Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación Peruana (SUTEP) por casi 60 días y que ha “quebrado” la unidad del sindicato magisterial, los congresistas Indira Huilca (joven política “mendocista”) y Jorge Castro (“aranista”) metieron sus cucharas: descalificaron el acuerdo del Ministerio de Educación con los gobiernos regionales para el pronto aumento del “sueldo base”, exigieron al Gobierno nacional el doble y “reconsiderar” las evaluaciones docentes, como quieren los huelguistas. Encima Huilca minimizó una reciente denuncia periodística alertando la infiltración del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), vinculado a la facción “acuerdista” de Sendero Luminoso, en el sindicato magisterial e insinuó que el MOVADEF sería “excusa” para “atentar” contra el magisterio.

La izquierda radical no cambia. Nadie se queje después por qué obtiene en elecciones menos votos de los que creyó conseguir.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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