Políticos y periodistas

Tras la juramentación del nuevo Presidente del Consejo de Ministros (personalmente, un tipo “miserable”), circuló por las redes sociales Facebook y Twitter una fotografía de hace algunos años.

Parece un lindo día playero en una terraza. Está el juramentado posando con personajes mediáticos. A su izquierda están la abogada Rosa María Palacios y el economista Augusto Álvarez Rodrich. A su derecha, el psicólogo Juan Carlos Tafur y, creo, la periodista Paola Ugaz. Atrás están el periodista Freddy Chirinos (amigo y socio del escritor Pedro Salinas), el politólogo Fernando Tuesta (ex jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales), Hernán Chaparro (director de la encuestadora IEP) y el periodista Fernando Vivas. Son todos amigos.

A los políticos les encanta tener “buenas relaciones" con hombres o mujeres de prensa. Todavía es célebre en el Perú esa “comilona” en 1876, organizada por el ministro de Gobierno y Obras Públicas, Aurelio García y García, a periodistas de Lima, tanto partidarios como adversarios del presidente de la República, Manuel Pardo, para “agasajar” a todos. Otra cosa es el “colegueo” de hombres y mujeres de prensa con los políticos. Tenemos un antecedente reciente.

¿Recuerdan a Susana Villarán en la Alcaldía de Lima, entre 2011 y 2015?. En esos años, la administración metropolitana tenía bastante complacencia periodística. Palacios, Álvarez Rodrich, Tafur, Vivas y muchos más casi nunca criticaban a Villarán, justificaban todas sus acciones o inacciones (las encuestas de opinión nunca la favorecieron) y la defendían públicamente. Incluso muchos de ellos fueron promotores de la campaña por el NO en la consulta popular de revocatoria del mandato de Villarán y sus regidores en 2013.

Doña Susana, quien nunca tuvo un pelo de tonta, tan pronto dejó el Ministerio de la Mujer en 2001, pasó años cultivando la amistad de directores de diarios, editores en jefe, narradores de noticias, reporteros de investigación, columnistas de opinión, etc. No me sorprendería si Villarán llegó a reunir una extensa lista de números telefónicos en su libreta. Además, su vocecita afable y su apariencia de “tía macanuda” hicieron el resto. Al sentarse en el sillón municipal, Doña Susana tenía defensores periodísticos para contrarrestar su falta de base política y social.

¿Cuál fue la consecuencia de ese “amiguismo” cómplice?. Un hecho lo demuestra: en 2014 Doña Susana, improvisadamente, montó los “buses azules”. Eran el primero de varios corredores viales para transporte público en Lima que su administración había licitado un año antes. Faltaban vehículos, había largas colas para abordar y crecía el malestar ciudadano. No obstante, amigos de Villarán en el periodismo la defendían repitiendo a cada rato que “necesitamos una reforma del transporte” y hasta burlándose de quienes se quejaban. Al final, la misma gente rechazaba declarar ante los reporteros y hasta les gritaban “¡Fuera, fuera!”.

Las personas no son tontas. Perciben cuando hombres y mujeres de prensa lanzan la ética por la ventana para “coleguear” con los políticos.

 


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