A pedido del Ministerio Público, el Poder Judicial ha
dictado 18 meses de prisión preventiva contra Ollanta Humala, quien ocupó la
Presidencia de la República entre 2011 y 2016.
Aunque la medida podría ser revisada en segunda
instancia, el hecho es histórico. Humala y su carismática esposa, Nadine
Heredia, han terminado en la cárcel dentro de un proceso judicial en contra de
ambos por supuestos delitos de lavado de activos y asociación ilícita para
delinquir. Es la hora más oscura para una pareja que hasta hace un año
disfrutaba las mieles del poder.
Humala saltó a la palestra en el año 2000 cuando
protagonizó un (rocambolesco) levantamiento militar en Locumba, Moquegua,
contra la dictadura de Alberto Fujimori. Aún hoy no sé conocen todos los
pormenores, incluida la participación del entonces asesor de inteligencia de
Fujimori, Vladimiro Montesinos. Por breve tiempo estuvo preso en la Fortaleza
Real Felipe en el Callao, hasta que el gobierno de Valentín Paniagua y el
Congreso aprobaron una amnistía política para los opositores a la dictadura
entre el 05 de abril de 1992 y el 22 de noviembre de 2000. Salió prestigiado y
fue reincorporado al Ejército como comandante. Posteriormente, el gobierno de
Alejandro Toledo envió a Humala como agregado militar. Primero a Francia,
después a Corea del Sur. En 2005 se produjo la asonada de Andahuaylas, a cargo
de su (loquillo) hermano Antauro, quien indirectamente, lo involucró. Aunque no
fue juzgado por ese caso penal, sí pasó a retiro.
Para las elecciones generales de 2006 Humala se
postuló como candidato presidencial. Buscó inspiración ideológica -y apoyo
financiero- en la Venezuela bolivariana. La izquierda radical lo respaldó. Jugó
al “anti-sistema”, obtuvo muchos votos, pero no ganó. Su estrella política se
deslució bastante como opositor al gobierno de Alan García hasta 2011 cuando
volvió a ser candidato presidencial. Aunque “rojos” y “rojimios” seguían apoyándolo,
ahora estaba más próximo al Brasil de Luiz Inacio Lula Da Silva y Dilma
Rousseff. Además, se le acercó el escritor Mario Vargas Llosa y le hizo aceptar
(no tanto “valorar”) la democracia representativa y la economía de mercado.
Frente a la hija de Fujimori y entonces congresista, Doña Keiko F., muchos
votantes votaron por él para evitar que ella ganara.
Doña Nadine era el soporte de su marido. Cuando Humala
llegó al poder, realmente, una “dupla” se había instalado en el Palacio de
Gobierno. Al principio, el sobrio y austero Humala fue aplaudido por muchísima
gente, pero su poca brillantez intelectual y la frivolidad de su mujer
terminaron por desdibujarlo completamente. Estuvo bien que se deshiciera de esa
izquierda radical ideologizada e inútil, pero la reemplazó políticamente con
Doña Nadine e incondicionales. Nunca me creí el cuento de la “reelección
conyugal”, pero a veces no se sabía quién gobernaba y, al final, imperó el
desgobierno. Los escándalos Brujas de Cachiche, Oscar López Meneses, Martín
Belaunde, etc., no ayudaron en nada.
Las vacilaciones de Humala frente al proyecto minero
Conga o la mal llamada “Ley Pulpín”, por ejemplo, restaron credibilidad a su
Gobierno. En lugar de construir una mayoría política (su Partido Nacionalista voló
por los aires) contra el APRA y el fujimorismo en el Congreso, optó por crispar
el ambiente con ataques verbales. Cómo olvidar a la familia: Alexis, Ulises, el
papá Don Isaac (ex comunista estalinista) y la (homofóbica) mamá Doña Elena, etc.
¿Cómo pasará a la historia Ollanta Humala?. Es pronto
para saberlo, pero parece que el capítulo final no será feliz.

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