Mese atrás el escritor Mario Vargas Llosa (antes del “escándalo del
corazón” con la socialité filipina
Isabel Preysler, por cierto) publicó un artículo de opinión en el diario La República.
En el texto señalaba que en el extranjero el Perú
sigue siendo visto “prometedor” por el relativo éxito combinado de la
democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de
1990 reduciendo significativamente la pobreza y aumentando los índices de
desarrollo humano durante los últimos diez años. No negaba los problemas
actuales como la inseguridad (que en mayor o menor grado afecta al resto de América
Latina) y la mal llamada “conflictividad social” pseudo-ambientalista entorno a
explotación minera y de hidrocarburos, pero que el consenso político y
económico de izquierda-derecha ya es tan amplio que no hay peligro de derivas
populistas como ocurrió en Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina.
Sin embargo -según Vargas Llosa-, internamente, la
realidad es otra: grandes titulares al día o semanales sobre escándalos de
corrupción, mientras alguna noticia positiva es relegada a segundo o tercer
plano. En simultáneo, constantes noticias negativas en economía o seguridad son
maximizadas haciendo creer a la mayoría de peruanos y peruanas que hay un
“frenazo económico” (a pesar que el PBI continúa creciendo, poquito) o la
delincuencia está a punto de tomar el poder. Para el escritor, el principal
culpable de esa “desestabilización” es el poderoso grupo mediático El Comercio (la llamada “la
concentración de medios”) y así lo ha repetido varias veces el Presidente de la
República, incluso en su reciente visita oficial a España. El Presidente del
Consejo de Ministros ya se apuntó a esa tesis.
Cuando leí aquella columna no presté mayor atención,
porque creí que era excesivo optimismo de Don Mario, aunque concuerdo con él
parcialmente. No obstante, hace algunos días el economista Juan José Garrido
Koechlin, director del diario Perú21
(propiedad del grupo El Comercio), dijo en su columna de opinión que extrañaba
los días del gobierno de Alan García (2006-2011) cuando todo era “prosperidad”
y “estabilidad” y pensé que Vargas Llosa tiene razón en algo: más allá de El Comercio, televisoras, radioemisoras
y prensa escrita “de oposición” han creado en el Perú un “infiernillo”, donde
casi no hay optimismo por nada.
Durante el pasado quinquenio presidencial de García,
cuando las cifras económicas y sociales eran muy auspiciosas, el grupo El Comercio y sus rivales mediáticos de La República y RPP no hacían más que
inflar todos los escándalos de corrupción y menospreciar cuando noticia
positiva hubiera: lo mismo que ocurre actualmente. ¿Por qué ocurriría esto?.
Ante la falta de un sólido sistema de partidos políticos y abusando de la
libertad de expresión, un conjunto de televisoras, radioemisoras y prensa
escrita se han convertido en “la oposición política”. ¿Por qué ellos son “la Oposición”?.
Tal vez por ideología, dinero, no sé.
No hay infiernillo peruano. Sólo un país que no debe
olvidar de dónde viene, dónde está y adónde va.

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