¿Para qué los médicos cubanos?


Cuarenta y dos médicos cubanos llegaron al Perú para asistencia técnica al Ministerio de Salud y la bancada fujimorista quiere interpelar a la titular del sector, Midori de Habich.
 
De otro lado, la Federación Médica Peruana y el Colegio Médico han denunciado penal a De Habich por delitos de usurpación de funciones, abuso de autoridad y promoción del ejercicio ilegal de la medicina. Los diarios Correo y Expreso refieren -paranoicamente- que el Presidente de la República quiere a los médicos cubanos para adoctrinamiento y proselitismo político.
 
Como señala el politólogo Carlos Meléndez, los médicos cubanos llegaron por un convenio de cooperación técnica firmado con Cuba firmado este año. Los médicos cubanos asesorarán al Programa de Formación de Salud Familiar y Comunitaria, sin competir alguno por puestos en el Ministerio de Salud o ESSALUD (la seguridad social) o dar atención al público.
 
Por el lado de los fujimoristas, hace rato que son contrarios a la “Reforma de la Salud” que impulsa el Poder Ejecutivo. Por ejemplo, han presentado acción de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional por los decretos legislativos del año pasado que sustentan la “Reforma de la Salud”. Los médicos cubanos son una excusa: han llegado al Perú desde 2008 durante el gobierno de Alan García y los fujimoristas nunca dijeron nada. Incluso, el mentado convenio se rige por un tratado entre Cuba y Perú firmado en 1999, entre la dictadura comunista y la dictadura de Alberto Fujimori, respectivamente.
 
Para detener la reforma, los fujimoristas no han vacilado en aliarse con César Palomino, ex presidente de la Federación Médica y hoy decano del Colegio Médico. Palomino es un demagogo y autoritario izquierdista, a quien sindican de tener aspiraciones presidenciales. Su rechazo tajante a cualquier reforma tildándola de “privatizadora” desnuda su careta “progresista” y lo pinta como oportunista y soberbio.
 
Pregona el “sistema de salud único” que existe en Cuba (pésimo, por cierto) como la alternativa gremial a la reforma, pero rechaza la presencia de sus colegas cubanos. Cuba exporta médicos masivamente -como antes de la Revolución lo hacía con la caña de azúcar- desde 1963, pero tras el intercambio (petróleo por médicos y alfabetizadores) con la Venezuela bolivariana los servicios de estos profesionales cuestan. Además, Palomino olvida torpemente que muchos médicos peruanos son egresados de facultades de medicina humana de varias universidades cubanas o estudian un postgrado o una especialización en Cuba.
 
Por último, insistir con que los médicos cubanos forman parte de una estrategia geopolítica de la dictadura comunista cubana es absurdo. ¿Para qué perderían tiempo y dinero Cuba y Venezuela (sobre todo este último país, a raíz de la actual crisis política y económica) con “penetración política-ideológica” en el Perú si Su Excelencia se alejó definitivamente de la izquierda radical cuando adoptó la “Hoja de Ruta”?.
 
Si todos estos grupos se oponen a la “Reforma de la Salud”, que lo digan de frente y no recurran a subterfugios.
 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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