Por el Día Nacional del Periodista

Primero de octubre, hombres y mujeres de prensa celebran “su día” desde 1953. Se aplauden y felicitan por “hacer bien” al Perú.

¡Pamplinas!. El periodismo hizo poquísimo bien en los últimos ciento cincuenta años. ¿Cómo eran periodistas y prensa (antes sólo escrita)?. Estas palabras fueron del ex presidente Nicolás de Piérola en 1880 a raíz de su conflicto con el diario El Comercio por el editorial que lo vinculaba con el escandaloso Contrato Dreyfus: “La prensa es gran vehículo de luz y verdad. Cuando se le emplea para engañar y forjar imposturas no hay nada que la iguale en daño y mal público. Yo no conozco delito más enorme que el tráfico de las ideas y la especulación que le sirve de medio para difundirlas”.

La forma de combatir esa “tribuna de libertinaje y de escándalo...”, contra “el alma del pueblo con tendenciosas falsedades y malvadas incitaciones al crimen” (El Comercio alabando la draconiana Ley de Emergencia de 1932) fue siempre corrupción o censura y eso no ayuda a la profesionalización periodística. Como en 1893 cuando el Ministro de Gobierno ordenó el cierre del pasquín La Tunda, que atacaba sin piedad al general Andrés Avelino Cáceres. El abogado Mariano H. Cornejo hizo una brillante defensa de la prensa libre en la Cámara de Diputados. Sin embargo, durante la década de 1920 no dijo ni pío cuando la dictadura de Augusto B. Leguía, a la cual sirvió en la Constituyente y como senador, Presidente del Consejo de Ministros y embajador, atacó El Comercio, se “robó” La Prensa y clausuró la revista Amauta.

Los periodistas siempre se han victimizado. Aquí La Tribuna del APRA en 1932: “La violenta represión que se ha ejercido contra nosotros, porque jamás hemos temido decir nuestra palabra de verdad y justicia...”, que contrasta bajo el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero (1945-1948), según memorias del ex mandatario: “Ahí están las colecciones de La Tribuna (…), en las que cualquier lector imparcial podrá describir toda la dosis de veneno almacenada en esa tinta de cloaca, todo el desprecio por la verdad de que hacían gala sus columnas, adulterando hechos y falseando interpretaciones. El pueblo las leía ávidamente y erigidos en fuente principal de información, pues faltaba prensa popular independiente y el Supremo Gobierno carecía de órganos informativos propios, era la versión aprista, con su tendencia y sus calumnias, la que circulaba y prevalecía”.

Finalizo con palabras del escritor Manuel Gonzáles Prada en 1888: “Desgraciadamente, nada se prostituyó más en el Perú que la palabra; debió unir y dividió; debió civilizar y embruteció; debía criticar y aduló. En nuestro desquiciamiento general, la pluma tiene la misma culpa que la espada. El diario carece de prestigio, no representa la fuerza inteligente de la razón sino la embestida ciega de malas pasiones. Desde el editorial ampuloso y kilométrico hasta la crónica insustancial y chocarrera se oye la diatriba sórdida, la envidia solapada y algo como el crujido de carne viva despedazada por dientes de hiena...”.

¡Feliz día del periodista!.

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