Pseudo-cazadores de tesoros

 

El impopular e “ilegítimo” Congreso no deja de ensuciarlo todo, incluida la historia de Perú.

Respaldado por bancadas “de derecha”, el putrefacto Congreso aprobó un proyecto de ley declarando de “interés nacional y necesidad pública” (otra norma legal declarativa) el reflotamiento, la restauración y la conservación de la goleta chilena Covadonga, que fue hundida en 1880 frente al puerto de Chancay durante la guerra contra Chile. Una coordinación entre entidades públicas, desde el Ministerio de Defensa hasta el Ministerio de Cultura, deberá encargarse de la labor. No vi la sesión de la Cámara “espuria” donde se aprobó esta (brillante) iniciativa, pero -seguro- más de uno de los “alacranes” del putrefacto Congreso hinchó pecho y se sintió ebrio de emoción patriótica.

Construida por los españoles, la Covadonga fue uno de los buques de la flota naval chilena desde 1865. Cuando estalló la guerra entre Perú y Chile en 1879, la Covadonga estuvo inicialmente al mando del célebre capitán Arturo Prat. Cuando Prat pasó a comandar la corbeta Esmeralda, la Covadonga quedó al mando del contralmirante Carlos Condell de la Haza, hombre de ascendencia peruana, pero quien fue un desgraciado en todo el sentido de la palabra.

La Covadonga participó inicialmente en el combate de Punta de Iquique, donde consiguió hundir la fragata Independencia, el mejor buque de la flota naval peruana. Después del hundimiento, Condell ordenó disparar sobre la tripulación peruana que saltó al mar para salvar sus vidas. Con un nuevo comandante, la Covadonga participó en el combate de Angamos de 1879 y el bloqueo al puerto de Arica en 1880. Posteriormente, fue enviada al bloqueo del Callao y el bombardeo al puerto de Ancón. La última misión fue el bombardeo al puerto de Chancay y el relevo de la corbeta Pilcomayo, nave originalmente peruana, pero capturada por Chile.

El 13 de septiembre de 1880 la Covadonga estaba a medio kilómetro de tierra intentando bombardear el ferrocarril que cubría la ruta entre Chancay y Lima. Un comando de infantería naval peruana cargó medio tonelada de dinamita dentro de un bote de recreo y zarpó desde Ancón al mando del teniente Decio Oyague, quien había organizado el hundimiento del transportador chileno Loa frente al Callao. El bote era un cebo y el comandante del Covadonga, el capital chileno Pablo de Ferrari, cayó redondito. Cuando el Covadonga divisó el bote, De Ferrari lo creyó inofensivo y ordenó remolcarlo. Estando a estribor de la goleta, el bote estalló y la Covadonga se hundió en menos de diez minutos. Murieron una treintena de hombres de la tripulación. Una parte de quienes saltaron al mar y nadaron hacia tierra fueron capturados por soldados peruanos. Otros fueron recogidos por el Pilcomayo. Días después los chilenos regresaron, rescataron del mar todos los objetos de valor y dinamitaron los restos del buque.

En 1959 los primeros objetos del Covadonga fueron rescatados del mar y llevados al Museo Naval en el Callao. En 1987 dos dependencias de la Marina de Guerra inspeccionaron los restos del Covadonga y determinaron que la posibilidad de reflotamiento era negativa. Sólo quedaban la quilla, los maderos de la roda, el codaste, la parte inferior del casco y algunas cuadernas. No obstante, desde fines de la década de 1990 marinos y arqueólogos han recuperado más objetos del Covandonga, los cuales, previa restauración, se exhiben en el Museo Naval, el Museo de la Fuerza de Operaciones Especiales (en la Base Naval del Callao) o el museo de sitio de la Municipalidad Provincial de Chancay.

¿Qué les pasó por la cabeza a los “alacranes” del putrefacto Congreso?, ¿fantasearon con tener la Covadonga para canjearla con Chile por el monitor Huáscar?. En el Palacio Legislativo no hay nada bueno para hacer.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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