Perú y Chile, dos destinos

 

En Chile se celebró el tercer plebiscito en tres años.

Fue sometido a plebiscito el nuevo proyecto de Constitución aprobado por el Consejo Constituyente con mayoría derechista. La opción “En contra” ganó con alrededor del 55% de votos válidos frente a la opción “A favor”, que obtuvo alrededor de 44%. El grueso del voto de rechazo se concentró en Santiago y Valparaíso. En el resto del país, ganó la tendencia favorable. En el extranjero, ganó mayoritariamente la opción “En contra”. 

Todos los sectores “de izquierda”, que el año pasado, en el anterior proceso constituyente, promovieron un delirante proyecto de Constitución, amplia y mayoritariamente rechazado en plebiscito, estaban por el “En contra”. A su vez, los elementos más extremistas de los sectores “de derecha” también estuvieron por la misma opción. Mientras los primeros exponían que era un texto “derechista”, los segundos alegaban que era “izquierdista”. De locos.

El proyecto de Constitución rechazado era un híbrido: tenía elementos conservadores, liberales, socialdemócratas y social-cristianos. Era una iniciativa clásica, no muy diferente de la Constitución de 1980, redactada durante la dictadura del general Augusto Pinochet, pero reformada íntegramente en 2005 durante el gobierno de Ricardo Lagos.

Los “rojos” y “rojimios” chilenos, que suelen ser muy estratégicos y tácticos en política, no se cansan de manifestar que ellos jamás renunciarán a una nueva Constitución que plasme sus postulados ideológicos. Tal vez esperen semanas, meses o un par de años, pero volverán a la carga: apelando a la violencia callejera si fuese necesario. Por el contrario, posiblemente, en los sectores “de derecha” se desate un “ajuste de cuentas” político. No obstante, la realidad es que la Constitución de 1980, reformada en 2005, está profundamente debilitada: ya no garantiza nada, ya no protege nada. Ha quedado tan desdibujada y socavada que, fácilmente, desde el Parlamento podrían terminar “cargándosela”.

En Perú, donde este plebiscito me hizo recordar la consulta popular de revocatoria del mandato de Susana Villarán a la Alcaldía de Lima en 2013, con excepción de las constituciones de 1823 y 1979, todos los textos constitucionales fueron promovidos desde el poder político por un caudillo. Por ejemplo, la Constitución de 1993 nunca hubiera existido sin la dictadura de Alberto Fujimori. Probablemente, el texto que sustituya a la Constitución de 1993 también sea promovido por un nuevo caudillo. En realidad, pocas veces en Perú hubo los llamados “momentos constituyentes”: cuando distintos estamentos de la sociedad llegan a la conclusión que necesitan una nueva Constitución. Además, en un país con la tradición militarista de Perú, todas nuestras constituciones han tenido el beneplácito de los militares.

¿Cuál es la lección que podemos aprender de Chile?. Los “momentos constituyentes” no se fuerzan, porque son socialmente amplios y, políticamente, únicos. Si no, unos impondrán su proyecto de Constitución sobre otros y, al final, ésa no debe ser el propósito de una Constitución.

 

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