¿Promoción “velasquista”?


Víspera de fin de año, el sociólogo Carlos Basombrío escribió en su columna de opinión por el diario Perú21 que la última promoción de oficiales del Ejército egresada de la Escuela Militar de Chorrillos se ha denominado “General Juan Velasco Alvarado”.
 
Basombrío se pregunta cómo en democracia una promoción de la academia castrense puede adoptar el nombre de un personaje militar grotesco que en 1968 encabezó un golpe de estado, “se robó” medios de comunicación e impuso la censura periodística, arrestó y deportó a decenas de opositores, proscribió partidos políticos, eliminó las elecciones, cerró el Congreso y descabezó a la Corte Suprema de Justicia. Sin mencionar, la nacionalización de decenas de grandes y medianas empresas, la “expropiación” de miles de hectáreas de tierra agrícola mediante una extremista reforma agraria y el empobrecimiento mediante la inflación y los controles económicos hasta que fue derrocado en 1975.
 
El columnista concluye señalando que la democracia se construye “con la docencia del ejemplo”. A Basombrío no le falta razón: en Chile los militares eliminaron una condecoración que llevaba el nombre “General Augusto Pinochet”, quien encabezó una brutal dictadura militar. Por desgracia, el Perú tiene pocos, pocos, poquísimos personajes históricos como ejemplos institucionalistas o constitucionalistas.
 
Por ejemplo, hay avenidas, parques o monumentos con el nombre de Nicolás de Piérola, pero los libros de Historia eluden mencionar que encabezó un golpe de estado en 1879 contra el general Luis La Puerta y rompió la institucionalidad. El mariscal Ramón Castilla, el más modernizador de los uniformados que gobernó el país, abolió la Constitución de 1856 y disolvió la Convención Constituyente y, años después, se rebeló contra la Constitución de 1867. Uno de los dos grandes héroes nacionales, el almirante Miguel Grau, quien se dice que dijo “no-conocer” otro caudillo que la Constitución de 1860 cuando ocurrió la sublevación de los “coroneles Gutiérrez” (Tomás, Silvestre, Marceliano y Marcelino) en 1872, participó en el golpe de estado de 1866 contra el general Juan Antonio Pezet. Durante el siglo XX el APRA promovió la rebelión de la Marina de Guerra en 1948 contra el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero. Acción Popular aplaudió el golpe de estado de 1962 contra el gobierno de Manuel Prado y el Partido Popular Cristiano “se entendió” con el golpista de 1968. Ni mencionar a esos sectores importantes que aún avalan el golpe de estado de 1992.
 
Quizá la pregunta que dejó sin respuesta Basombrío es por qué el general Juan Velasco Alvarado y no otro personaje histórico “institucionalista” o “constitucionalista” sería referente común y motivo de admiración para los últimos oficiales egresados de la Escuela Militar de Chorrillos. Mejor dicho, ¿qué ocurre con las enseñanzas cívicas de la Historia?.
 
Que el Presidente de la República sea “velasquista” no importa mucho (se irá en año y medio), pero que el futuro generalato del Ejército sí pueda serlo inquieta -algo- el futuro de la democracia en el Perú.
 

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