Víspera de acabar junio el Gobierno nacional prorrogó por séptima vez el Estado de Emergencia y el toque de queda en todo el país, que están vigentes desde la quincena por la pandemia viral COVID-19 en el Perú.
El “aislamiento obligatorio” en casa (la mal llamada “cuarentena”), que sólo puede imponerse colectivamente restringiendo las libertades de tránsito y reunión mediante el Estado de Emergencia y el toque de queda, estaba vigente en los departamentos de Arequipa, Ica, Junín, Huánuco y San Martín. Sin embargo, el decreto supremo que prorrogó la excepcionalidad lo extendió a la provincia de Tambopata en el departamento de Madre de Dios; las provincias de Santa, Casma y Huaraz en el departamento de Áncash; las provincias de Mariscal Nieto e Ilo en el departamento de Moquegua; la provincia de Tacna en el departamento de Tacna; las provincias de Cusco y La Convención en el departamento de Cusco; las provincias de San Román y Puno en el departamento de Puno; la provincia de Huancavelica en el departamento de Huancavelica; las provincias de Cajamarca, Jaén y San Ignacio en el departamento de Cajamarca; las provincias de Bagua, Condorcanqui y Utcubamba en el departamento de Amazonas, y las provincias de Abancay y Andahuaylas en el departamento de Apurímac. En esas zonas, sólo se permite salir de casa por bienes o servicios “esenciales” y el funcionamiento de “ciertas” actividades económicas y el toque de queda comienza a las 8:00pm y, además, hay toque de queda todo el domingo.
El Gobierno de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 justificó el endurecimiento de la excepcionalidad, porque hay un “repunte” de contagios por la pandemia en el interior del país. Previsible: es el resultado del (inútil) confinamiento general de marzo, abril, mayo y junio, que estaba siendo desacatado por las personas más pobres, porque se quedaron sin dinero. El hambre o el virus. También fue el resultado de pésimas decisiones como los traslados humanitarios por tierra o aire sin mayor control sanitario o la reanudación del transporte interprovincial de pasajeros.
¿Confinar en casa aún sirve?. Hace varios días el Colegio Médico anunció estudiar la posibilidad de solicitar al Gobierno nacional restablecer el “aislamiento obligatorio” (la mal llamada “cuarentena”) en todo el país. El desempeño del Colegio Médico en esta pandemia ha sido lamentable. El Decano y el Vicedecano han sido “tontos útiles” del “aventurero”, cuyo Gobierno se ha burlado de ellos cada vez que ha podido. No son científicos sino activistas con bata blanca.
En serio, ¿el confinamiento puede servir?. Ya no. Si el número de contagios hubiese disminuido pasando la peor etapa de la pandemia, el confinamiento serviría para que el Gobierno pudiese controlar “rebrotes”, que tampoco sería suficiente sin atención hospitalaria adecuada, pruebas masivas de descarte del virus y medidas de distanciamiento social. Todo lo contrario: el número de contagios nunca disminuyó, todavía no hemos pasado la peor etapa de la pandemia (tal vez falte poco tiempo) y el confinamiento no funcionaría, porque el virus está imparable.
Sin embargo, el nuevo Presidente del Consejo de Ministros, un militar aspirante a “gorila”, quien se cree virólogo amateur, quisiera (quizá lo intente) “parar” la pandemia con confinamiento, pero fracasaría. No obstante, ¿la crisis económica?, ¿cómo volver a paralizar actividades económicas y confinar personas en casa si necesitan dinero y ya no tienen ahorros?.
Este “hombre espadita” lo dijo bien cuando todavía era Ministro de Defensa: debemos acostumbrarnos que nuestras vidas no serán como antes. Para él era muy fácil decirlo, porque cada fin de mes pasaba por tesorería para cobrar su sueldo.
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