La primera encuesta de intención de voto de IPSOS para
la ballotage presidencial otorga 44% al economista y ex ministro de Economía y
Finanzas, Pedro Pablo Kuczynski, frente a 40% de Doña Keiko F., ex congresista
e hija mayor del ex dictador Alberto Fujimori.
Según esta encuesta y otras realizadas antes de la
primera vuelta, Kuczynski ganaría la elección presidencial a Doña Keiko por
estrecho margen, a pesar que la última obtuvo 39% y el probable vencedor sólo
21%. ¿Cómo sería posible un desenlace electoral así?. Si nos remitimos a
porcentajes, asumiríamos que Kuczynski sumaría 19% obtenido por la congresista
Verónika Mendoza, ex candidata presidencial de izquierda radical, más 6% de
Acción Popular, alrededor de 5% del APRA y el Partido Popular Cristiano y 1% o
menos de otros ex candidatos “chicos”. En una democracia donde los partidos
políticos ya no pueden endosar votos como antes, ¿qué explicaría este fenómeno?.
Aparentemente, el anti-fujimorismo.
El rechazo que aún provoca en un amplio sector del
electorado Doña Keiko y el fujimorismo lleva a más de uno o una a decidir que
votaría por cualquiera que le ganase. Mejor dicho, aquel candidato que tenga el
menor rechazo en votos y, según todos los sondeos, Kuczynski es ese candidato.
No obstante, el anti-fujimorismo pierde fuerza cuando se recuerda que en 2011
dio el triunfo a un candidato anti-fujimorista, quien mucha gente siente ha
sido un mal Presidente de la República y cuyo Gobierno ha dejado bastante que
desear.
Un hecho influirá en la segunda vuelta: el fujimorismo
ha obtenido más de 71 escaños al Congreso lo que le da “mayoría absoluta” en la
Cámara. En democracia no se habían visto “mayorías absolutas” desde la década
de 1980 con los bloques acciopopulista-pepecista y aprista en el Senado y la
Cámara de Diputados. Para algunos, hay temor que el fujimorismo tenga la
tentación normal a “abusar” de tanto poder adquirido (recuerde que los
políticos no son ángeles ni demonios, sólo seres humanos como nosotros), más
aun si Doña Keiko ganase la elección y pese a que ella quisiera evitarlo por “compromiso
democrático”. Eso traería mucha conflictividad política y social desde la
calle. Para otros, un Gobierno nacional fuerte contando con una sólida gran bancada
parlamentaria garantizaría la mayor estabilidad política desde la restauración
de la democracia en 2001 y tendría mejor capacidad de realizar reformas.
Sin envolverse en la bandera anti-fujimorista, la
estrategia de Kuczynski intenta resaltar la necesidad del “contrapeso de
poderes” a la hegemonía parlamentaria fujimorista eligiéndolo a él.
Personalmente, sobre él hay dos riesgos: que su Gobierno apoyado por fuerzas
tan disimiles entre sí y con un fujimorismo opositor sea tan débil que vuelva
más precaria la democracia y no pueda realizar reformas. Otro, la avanzada edad
de Kuczynski (casi 77) dificulte la acción de su Gobierno o su posible
fallecimiento (sería la voluntad de Dios) le ponga fin e inicie una crisis
política por la sucesión constitucional.
Pronto sabremos qué nos depara el futuro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario