NO a Martín Vizcarra ("ESPECIAL")


El Tribunal Constitucional ha declarado por unanimidad inconstitucional la modificación a su reglamento que el Congreso aprobó a inicios de año.

Esa modificación reformaba “de facto” la Constitución de 1993 respecto a la “cuestión de confianza” y la “moción de censura” dificultando que el Presidente de la República pueda disolver la Cámara si ésta censura o niega confianza a dos gabinetes ministeriales. Esta iniciativa del APRA y el fujimorismo era “inconstitucional” (más por forma que fondo) y los magistrados constitucionales han revertido este “golpe de régimen”.

El mes pasado el Congreso aprobó mayoritariamente “a la carrera” cuatro proyectos de reforma constitucional, promovidos por el Poder Ejecutivo para ser votados en referéndum. Uno de éstos es el restablecimiento de la bicameralidad, como existió en el Perú hasta el golpe de estado del 05 de abril de 1992. La reforma no sólo cambia la malísima unicameralidad actual sino crea un diseño bicameral para el año 2021 distinto a la Constitución de 1979. Sin embargo, un reparo: apristas y fujimoristas “constitucionalizaron” aquella modificación reglamentaria, entonces en revisión por el Tribunal Constitucional. El reparo es la atribución presidencial para disolver la Cámara de Diputados a consecuencia de censuras o negaciones de confianza al Presidente del Consejo de Ministros. El Senado siempre es indisoluble.

Haciendo cálculo político (el resultado de las elecciones municipales y regionales), Su Excelencia aprovechó la convocatoria al referéndum el 09 de diciembre para comunicar que no apoyará la propuesta de bicameralidad, porque el Congreso cambió el proyecto original, que no contemplaba variaciones en la “cuestión de confianza” y la “moción de censura”. También dijo que se eliminó su propuesta inicial de “cuotas de género” para senadurías y diputaciones, pero sonaba a excusa. No obstante, días antes en entrevista televisiva, él no había objetado las cuatro reformas aprobadas por el Congreso.

Mucha gente en la política, los medios de comunicación y la academia dimos el “beneficio de la duda” al Presidente de la República. Quizá tenía razón. Había que esperar al Tribunal Constitucional. Frente a las tres preguntas en el referéndum, que ganaría el SI, en la pregunta sobre la bicameralidad, podría ganar el NO. Al final, los magistrados constitucionales declararon no sólo la inconstitucionalidad de la modificación reglamentaria sino crearon jurisprudencia para futuras reformas constitucionales.

En pocas palabras, si se aprobase la bicameralidad planteada, los artículos cuestionados serían “inconstitucionales”. El Congreso debiera enmendarlos o el Tribunal Constitucional los derogaría. Sin embargo, Su Excelencia, ebrio de popularidad, “reinterpretó” el fallo a su gusto, siguió en sus trece con el NO a la bicameralidad propuesta y no anunció ninguna iniciativa para reformar la unicameralidad del Congreso.

El Presidente de la República nos cree “tontos”. Sólo le interesa decir o hacer lo que sea para no perder simpatías. Incluso no le importaría burlarse de la voluntad popular a expresar en el referéndum y presentar otro proyecto sobre bicameralidad para aprobar en el Congreso durante dos periodos ordinarios seguidos, como proponen hoy quienes llaman a votar tres veces SI y una vez NO el 09 de diciembre.

Si a Su Excelencia le importa tanto la voluntad popular en las ánforas, que él y su sucesora constitucional renuncien y nos vamos a elecciones generales, porque no hemos votado (directamente) a un “aventurero con historial de felonía”. Quien escribe, no lo hizo.


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