La Comisión Permanente del
Congreso aprobó la presentación de una acción de competencias ante el Tribunal
Constitucional.
Es por el decreto supremo de
disolución de la Cámara promulgado el 30 de septiembre por ese “aventurero” que,
mediante la sucesión constitucional de 2018, llegó a la Presidencia de la
República. En verdad, en julio pasado la Cámara había aprobado la presentación
y ahora la Comisión Permanente sólo la ha ratificado.
A la oposición corresponde
la batalla legal en el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional contra el “aventurero”,
por haber “estirado como plastilina” la Constitución de 1993 para forzar la
disolución de la Cámara. La democracia restaurada en 2001 fue “dañada”, pero no
liquidada. Mientras, está la batalla política: con la Comisión Permanente,
porque el “aventurero” tiene cuatro meses durante los cuales legislará por
decretos de urgencia, que no se podrán revisar ni derogar. Cualquier decreto “irregular”
debe denunciarlo públicamente. Al mismo tiempo, prepararse para la elección
parlamentaria de enero próximo.
El nuevo gabinete
ministerial es funcional al “aventurero” para la campaña. Gabinete que, por
cierto, no pasará por la cuestión de confianza en el Congreso, porque la Cámara
fue disuelta. El “aventurero” querrá la mayoría en el nuevo Congreso y quien
crea no tendrá bancada, se equivoca. Tendría un movimiento político (“Perú
firme”, otrora Restauración Nacional) con candidatos. La nueva Ministra de Economía
y Finanzas (joven y muy “progre” para mi gusto) aflojará el gasto público y el
nuevo Ministro de Desarrollo e Inclusión Social (un ex congresista oficialista)
pondría los programas sociales al objetivo de obtener votos. No me sorprendería
que la ratificada Ministra de Trabajo y Promoción del Empleo (una “xenófoba”)
nos anuncie pronto un aumento del salario mínimo y el ratificado Ministro del
Interior (un “mentiroso”), “grandes operativos policiales” o “capturas de
criminales” para ilusionarnos con la “seguridad ciudadana”. El nuevo Presidente
del Consejo de Ministros dará la pelea política.
La izquierda radical sigue
celebrando un triunfo ajeno. Cuando los “rojos” y “rojimios” se percaten que NO
obtendrán una mayoría parlamentaria que les permitan el “asalto al poder”, se
arrepentirán de la disolución y las bancadas pérdidas en el Congreso. Del otro
lado, los fujimoristas podrían recomponerse y lograr una bancada nada
despreciable. Tiene una fiel base de votantes y si, por ejemplo, doña Keiko F.,
lideresa presa, fuese candidata parlamentaria (legalmente, puede), saldría
electa. Tal vez ahí la “progresía” anti-fujimorista se percate que el “aventurero”
la utilizó.
Por último, esos absurdos
optimistas tras la disolución con un supuesto Gobierno nacional “recargado” y
sus frasecillas cursis como “Hay mucho por hacer” o “A trabajar por el país”,
pronto se desengañarán. El “aventurero” es un mediocre inexorable, pero
intrigante nato. Ya no tiene el chivo expiatorio del Congreso opositor, pero
hallará otro. Temo
serán los inmigrantes venezolanos.
Que Dios proteja al Perú.

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