Creo el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República vivió uno de sus peores días.
El “hombre sin sombrero” acudió al Hospital Edgardo Rebagliati, principal nosocomio de ESSALUD en Lima. Inaugurado en 1960, el Hospital Rebagliati atiende a muchísimos pacientes de la Seguridad Social. Principalmente, trabajadores dependientes. Aunque la calidad del servicio es mejor que en otros hospitales o policlínicos de ESSALUD (bastante mejor que en la red asistencial de hospitales y centros de salud del Ministerio de Salud), hay bastantes deficiencias en consultas médicas, hospitalización, farmacia, etc. Todos quienes visitan o han visitado los nosocomios de ESSALUD saben de qué hablo.
Por motivo del aniversario del hospital, el “hombre sin sombrero” ingresó con su numerosa custodia policial. Fue recibido por la directiva y parte del cuerpo médico. Estaba acompañado del servil Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo y la escudera nueva Ministra de Salud. Cuando empezó su insulsa soflama, decenas de presentes, entre pacientes, familiares, enfermeras y médicos, comenzaron a gritar muy fuerte “¡Fuera, fuera!”, “¡Corrupto!”, “¡Lárgate!” y otros improperios. El suceso fue grabado por los presentes a través de las cámaras de sus teléfonos celulares y después de difundidos en Internet y las redes sociales. No fue una actividad política organizada, como maliciosamente insinuó el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista. El “hombre sin sombrero” se percató de las pifias y los insultos, terminó de hablar rápido, subió al automóvil oficial y se marchó.
Hace rato que el “hombre sin sombrero” no puede acercarse a multitudes espontaneas, porque lo pifian e insultan. Sin embargo, estos eventos se vuelven cada vez más frecuentes y “explosivos”. Quienes pifiaron e insultaron al “hombre sin sombrero” en el Hospital Rebagliati sienten mucha rabia, mucha frustración y mucha vergüenza por su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno. Además, a diferencia de otros quinquenios presidenciales, cuando había detractores del Presidente de la República, pero aceptaban que cumpliera el mandato, a quienes protestaron espontáneamente en el Hospital Rebagliati les interesa un bledo el mandato presidencial de cinco años señalado en la Constitución de 1993: quieren que el “hombre sin sombrero” se vaya cuando antes. Tampoco les importa que en el campo o los barrios marginales de las ciudades todavía haya gente que apoye acríticamente al “hombre sin sombrero”.
¿Por qué tanto repudio?. Tal vez la respuesta provino del mismo “hombre sin sombrero” el día del gran abucheo en el Hospital Rebagliati cuando tildó públicamente de “ladrones” a quienes lo pifiaban e insultaban. No sólo se muestra cada vez más como un sujeto nada empático, sino que su mensaje de odio, división y revanchismo, basado en un burdo discurso de “lucha de clases”, empieza a hartar.
El
descontento colectivo es fuerte y está latente en el país, como un barril de
pólvora, al cual solamente le faltaría fuego en la mecha para explosionar.
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