A consecuencia de la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela para capturar al dictador Nicolás Maduro y su mujer, los sectores “de derecha” peruanos han visto la luz.
Se acabaron las referencias al presidente argentino Javier Milei o al sátrapa salvadoreño Nayib Bukele. A partir de ahora, el presidente estadounidense Donald Trump es “la voz”, “el maestro”, “el rey”. En mayor o menor medida, los políticos "de derecha" en Perú quieren imitar a Trump, parecerse a Trump o copiar el estilo discursivo de Trump. En primera fila está el ex alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, candidato presidencial y senatorial, quien fantasea que Trump lo “unja” como “su candidato” en la campaña electoral, como hizo en Honduras durante la última campaña electoral presidencial con Nasry Asfura, hoy presidente electo.
Aunque López Aliaga pueda fantasear ser “el Trump peruano” (ambos son adinerados), está lejos de asemejarse al mandatario estadounidense. Podemos estar a favor o en contra de Trump, pero él tiene buen manejo de escena, no rehúye a las cámaras de televisión y no le asusta declarar ante reporteros. Trump no teme hablar ante el público y puede ser muy encantador cuando se lo propone. Por el contrario, López Aliaga no sabe comportarse ante el público, maltrata a sus interlocutores y siente un odio incontrolable hacia los periodistas que no lo adulen. Cada vez repite más incoherencias y ya cae antipático. Si no, que lo digan esos empresarios peruanos quienes, según el semanario del periodista César Hildebrandt, dijeron que López Aliaga está “mal de la cabeza”.
Los sectores “de derecha” se equivocan con Trump por dos motivos: primero, Perú ha caído a la irrelevancia internacional, al contrario de la creencia popular de imaginarnos “especiales en el mundo”. Si desde el retorno a la democracia en 2001 hasta 2019 éramos referente promedio en América Latina y para el mundo, hoy no pintamos nada. Hemos caído en la nada. No cuentan con nosotros en los organismos multilaterales, los foros internacionales ni en las decisiones de política exterior. Si el presidente electo chileno José Antonio Kast visitó Lima y se reunió con el “porno-filo” Presidente de la República en el Palacio de Gobierno, es porque Chile tiene intereses específicos en Perú. De lo contrario, ni hubiera venido. Siete años de inestabilidad política, cinco sucesiones constitucionales, tres interinatos, grandes casos de corrupción administrativa y la descomposición institucional apagaron la “estrella peruana” en el firmamento regional y global. Incluso Ecuador y Bolivia están importando más en la Casa Blanca y el State Department que Perú. ¿Para qué Trump se aliaría con políticos de un país internacionalmente irrelevante?.
La otra equivocación es mayor: Trump ha sido un “tiburón de los negocios”. Es despiadado a la hora de perseguir fines concretos. Por tanto, respeta sólo a quienes se le parecen. Si es un gobernante fuerte y autoritario, sólo respetará a quienes considere están a su nivel, como el autócrata ruso Vladimir Putin o Xi Jinping, jefe de la dictadura comunista de China. Quizá sienta simpatía por Milei, por ejemplo, pero no lo ve como su igual. Tampoco al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Por eso Trump no tuvo escrúpulos en “patear el trasero” de la ex diputada y lideresa opositora venezolana María Corina Machado para entenderse con Delcy Rodríguez, la sádica sucesora “roja” de Maduro al frente de la dictadura venezolana. Si políticos “de derecha” peruanos como López Aliaga ven a Trump como el “hermano mayor” del anti-izquierdismo y la lucha contra las “fuerzas del globalismo” en el mundo, están muy equivocados.
Sigan así,
sectores “de derecha”. Sigan así. No lloren después del 12 de abril, día de las
elecciones generales.
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