A diez años del “Andahuaylazo”


Hace diez años, cuando todo el Perú celebraba el inicio del año 2005, el ex mayor Antauro Humala y sus huestes asaltó la comisaría policial central de Andahuaylas y exigía el fin del gobierno de Alejandro Toledo.
 
Recapitulemos: Antauro (hermano del actual Presidente de la República) fue pasado a retiro del Ejército tras el levantamiento militar de Locumba, Moquegua, en el año 2000. Estuvo en prisión brevemente (la Fortaleza del Real Felipe en el Callao) y por una amnistía política del Congreso promovida por el gobierno de Valentín Paniagua, salió libre. Desde ese momento se dedicó a propalar la ideología “etnocacerista” o “etnonacionalista” (una mezcla de socialismo, nacionalismo, racismo andino y constantes alusiones místicas al mariscal Andrés Avelino Cáceres, héroe de la guerra contra Chile), que aprendió de su padre, abogado y antiguo militante comunista, don Isaac Humala.
 
A través de un pasquín llamado Ollanta, Antauro se dedicaba a insultar a políticos, empresarios, periodistas, militares y demás “indeseables” para quienes pedía “juicio popular” y fusilamiento. Para repartir el pasquín y difundir su incendiario mensaje, Humala contaba con un cuerpo de reservistas del Ejército, sacrificados y bien adoctrinados. Con ciento cincuenta reservistas, el anormal Antauro llegó a Andahuaylas, Apurímac, tomó la comandancia policial, secuestró alrededor de diez policías y robó 80 fusiles automáticos.
 
Humala pedía el final del gobierno de Alejandro Toledo, la restitución de la Constitución de 1979 (no creo que Antauro hubiese leído alguna vez ese texto constitucional) y el levantamiento del Ejército. El Poder Ejecutivo envió un contingente del batallón elite “Escuadrón Verde” de la Policía Nacional y los seguidores de Antauro los recibieron a balazos: fueron salvajemente asesinados cuatro policías. Desde Lima fue declarado el Estado de Emergencia y se enviaron trescientos policías de operaciones especiales. Aprovechando la impopularidad de Toledo y desafiando la autoridad, Antauro se paseó con miles de ciudadanos y ciudadanas por la Plaza de Armas. A pesar del paseo triunfal, Humala negociaba su rendición en la sede de la Municipalidad Provincial de Andahuaylas (con mediación del congresista Michael Martínez) y el 04 de enero se rindió.
 
Antauro y sus huestes fueron arrestados y juzgados. En 2009 el enloquecido líder sedicioso fue condenado a 25 años de prisión, sentencia que Don Isaac ha intentado anular argumentando que el derecho a la insurgencia está consagrado en la Constitución de 1993. Sin embargo, como dijera el periodista Gustavo Gorriti, no fue una insurrección popular-institucional, porque nadie en el país siguió a Antauro: sólo tuvo rechazo político, empresarial, sindical, militar, policial, intelectual y social generalizado (salvo el economista Augusto Álvarez Rodrich), por lo que esa asonada (la última parecida fue anterior a la Revolución de 1895) estaba condenada al fracaso.
 
El “Andahuaylazo” debe ser recordado como la locura de un desquiciado, que les quitó la vida a cuatro inocentes. Nada más.
 

 

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