¿Cuándo la
izquierda radical en el Perú se volvió “anti-minera”?.
A raíz de
los recientes sucesos en Arequipa, han estallado protestas contra la minería en
Cusco, Apurímac y Moquegua. Esto es el “efecto llamada”. Todas son alentadas
por “rojos”. En el Congreso, las dos facciones de izquierda radical son
contrarias a grandes proyectos mineros, aunque nunca lo reconocen. Todos se
oponen a la minería legal, porque a la minería ilegal (no tributa, contamina y
corrompe), mínimo, la ignoran.
La
izquierda radical no era anti-minera. En 1930 el sindicalismo “rojo” se estrenó
con una huelga de trabajadores de la empresa minera estadounidense Cerro de Pasco Cooper Corporation por
reivindicaciones laborales (mejores salarios, por ejemplo), ferozmente reprimida
por la Junta Militar de Gobierno bajo el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro.
La
izquierda radical no tenía inquietudes ambientales. Cuando en 1934 sucedió la “masacre
de San Mateo de Huanchor”, en Huarochirí, Lima, por las protestas campesinas
contra la fundición de Tamboraque, propiedad del empresario minero Lizandro
Proaño (el detonante fue la muerte de un campesino envenenado con arsénico y la
negativa de Proaño a costear el sepelio, quien con sus guardias ofensivamente
habrían arrojado a los familiares tablas de madera para que fabriquen el
ataúd), reprimidas por la dictadura del general Oscar R. Benavides, no había
ningún “rojo” ahí.
Con el
surgimiento de las teorías del “desarrollismo”, el “estructuralismo” y el “capitalismo
de estado” en la década de 1960, los “rojos” empezaron a hablar de “economía
extractivista” e “industrialización”. Por eso aplaudieron en la década de 1970
la nacionalización de la Cerro y otras
grandes empresas mineras y la creación de las empresas estatales MINERO PERU,
CENTROMIN O HIERRO PERU. Incluso en 1985 la alianza electoral Izquierda Unida
prometía la nacionalización de la empresa minera Southern Perú Cooper Corporation, que nunca pasó a propiedad
estatal en su momento. La izquierda radical creía en la minería como un
instrumento más del desarrollo.
¿Qué pasó?.
En la década de 1990 las condiciones políticas y económicas del mundo cambiaron
para la izquierda radical, pero no las vimos hasta el retorno a la democracia
en 2001. Con la Transición brotaron “rojos” sin formación político-partidaria o
salidos de pequeños espacios de sociedad civil. Una izquierda radical más “de
cursillo” u “oenegista” (ONG), que no busca reivindicaciones laborales y conocedora
que el discurso económico de antaño es arcaico. Ahora los “rojos” serían
defensores del medio ambiente.
El debut
fue en 2002 cuando la empresa minera estadounidense Manhattan Minerals iniciaba el proyecto Manhattan en Tambogrande,
Piura. “¡Salvemos los limones de
Tambogrande!”, decían los nuevos “rojos”. Una opinión pública inocente fue
engañada con el viejo mensaje anti-capitalista y anti-imperialista, disfrazado
de ecologista. Manhattan “se cayó” tres años después, los mineros ilegales
arrasaron el lugar, pero la izquierda radical ha seguido tan campante.
¿Hasta cuándo?.

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