Tiempo extra, Martín Vizcarra ("ESPECIAL")

 

El “aventurero” llegado a la Presidencia de la República por la sucesión constitucional de 2018 ha ganado “tiempo extra”.

Su proceso de destitución en el Congreso culminó: la Cámara rechazó la destitución con 78 votos en contra, 32 a favor y 15 abstenciones. Aplaudo a quienes votaron según sus convicciones, no importa si fue a favor o en contra. Al contrario, muchos congresistas llenaron sus bocas en el debate tildando de mentiroso, corrupto y delincuente al “aventurero”, reconociendo que el audio en el cual se oye la voz de ese majadero “coordinando” como obstruir la investigación fiscal sobre el caso “Richard Swing” es INMORAL, para después votar en contra por “la gobernabilidad”, “los pobres” o “el Perú”. No sabemos si hubo “voto comprado” por el Gobierno nacional con dinero del erario público, como denunció el congresista Daniel Urresti, pero son ¡indecentes!.

El “aventurero” no quería al Congreso para afrontar el proceso de destitución. Intentó que el Tribunal Constitucional le diera una medida cautelar dentro de la acción de competencias, pero se la negó. Rodeado de presidentes regionales y alcaldes, quienes están “comprados” por el Gobierno con partidas presupuestales, dijo “sentirse fuerte”, pero buscó algo de simpatía ciudadana anunciando el levantamiento del “impopular” (¿hemos olvidado el Estado de Emergencia vigente?) toque de queda dominical. Llegado el día, el “aventurero” fue al Palacio Legislativo, pero durante menos de 30 minutos y no aclaró nada: se victimizó, culpó de todo a su ex asistente Karen Roca, dijo que el “único delito” lo cometió ella al grabarlo “ilegalmente” (¡falacia!) y replicó que no debían destituirlo, porque el país sufre la pandemia viral COVID-19 y una durísima recesión económica. La presentación del abogador defensor fue penosa.

¿El “aventurero” ha salido victorioso?, ¿el país pasará la página y nos concentraremos todos en la pandemia y la economía?. Ni en sueños. Es el principio del fin. A pesar de los medios de comunicación “gobierneros”, el deterioro del Gobierno es irreversible. Según la última encuesta CIT, un contundente 61% de encuestados desaprueba al “aventurero”. Sólo 29% lo aprueba. Además, 42.3% es favorable a destituirlo, frente al 49% contrario y el 8% que no sabe ni opina. A la Ministra de Salud la desaprueba el 48.2%, frente al 39.22% aprobatorio. Pese a salvarse de la censura en el Congreso, la Ministra de Economía y Finanzas es desaprobada por el 51%, frente al 41% aprobatorio. El Presidente del Consejo de Ministros, “gorila” aficionado a su “zurrarse” en la Constitución de 1993, lo desaprueba el 48% y sólo lo aprueba el 28.4%. Por último, al (intocable) Ministro de Educación, lo desaprueba el 54%, frente al 28.4% aprobatorio.

Las denuncias se acumulan. A la investigación fiscal por el caso “Richard Swing”, los audios de Roca comprometerían al “aventurero” en actos de corrupción administrativa desde su época en el Gobierno Regional de Moquegua hasta sospechosos nexos con la Fiscal de la Nación y el inefable fiscal especial José Domingo Pérez. Por las salas de redacción de los medios de comunicación circulan más audios. Ya el “aventurero” sabe que puede acabar preso. ¡Al demonio con la pandemia y la economía!, dirá. Ni siquiera le interesará la popularidad. Su obsesión será evitar por medios legales, extra-legales o ilegales terminar en la cárcel.

Concuerdo con el congresista Omar Chehade: no será necesario que el Congreso destituya al “aventurero”, porque éste se irá solo. Su candidatura presidencial es políticamente imposible. Ni siquiera llegaría a fin de año para inmiscuirse en la campaña electoral venidera. Reventará muy pronto una denuncia final que lo evidencie embarrado desde los pies a la cabeza o continuará imparable la sangría de revelaciones. Cuando sienta que está acorralado e indefenso, se irá. El reloj está corriendo. 

 

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