¡Cómo gusta a la izquierda radical peruana los mitos
políticos!.
El mito político es un relato basado en una
generalidad histórica o filosófica con finalidad política. Puede tener
propósito “legitimador”, “cohesionador” o “movilizador”. Generalmente, a mayor
cantidad o relevancia de los mitos políticos, mayor es el vacío intelectual y
la pobreza programática de los actos políticos.
La izquierda radical está detrás de nuevo mito
político: una nueva Constitución. Ahí está la ex congresista Verónika Mendoza,
quien aspira a una nueva candidatura presidencial en el futuro no lejano,
conferenciando en distintas ciudades sobre la “necesidad” de una nueva
Constitución que “transforme” (no especifica cómo y en qué) la democracia
restaurada en 2001 y “liquide” el modelo económico heredado de la década de
1990. Sueña con que una destitución del Presidente de la República por “incapacidad
moral permanente” será el catalizador de un futuro proceso constituyente. En
este esfuerzo la acompañan, desde sus respectivas trincheras políticas, el ex
presidente regional de Cajamarca, Gregorio “Goyo” Santos, y el ex sacerdote
católico y actual congresista Marco Arana.
No es un debate jurídico. Para Mendoza, Santos y Arana
la “lucha” por una nueva Constitución es un mito movilizador para sus
seguidores si consiguen convencerlos que ese nuevo texto constitucional, con
cuatrocientos o quinientos artículos (derecho a..., derecho a..., derecho a...),
será para erradicar la pobreza, reducir el desempleo, luchar contra la
corrupción (con el “escándalo Odebrecht” y la trama “Lava Jato”, como anillo al
dedo), etc.
No es la primera vez que la izquierda radical milita
tras un mito político. En la década de 1960 el Partido Comunista, la Democracia
Cristiana (ya izquierdizada) y el Movimiento Social-Progresista crearon el mito
de “los tres enemigos del Perú”. Según este mito, había tres enemigos a quienes
se debía “destruir”, porque impedían el desarrollo, el fin de las injusticias y
el bienestar social. ¿Quiénes eran?. Primero, la empresa petrolera
estadounidense International Petroleum
Company, la IPC. Segundo, los grandes hacendados agroexportadores. Más
conocidos en el argot político como “la oligarquía”. Por último, el “Imperio
Prado”: los activos de la adinerada familia Prado en el Banco Popular, los
diarios La Crónica y La Tercera y demás negocios. Por
desgracia, mucha gente creyó el mito.
En la década de 1970 la dictadura del general Juan
Velasco Alvarado nacionalizó la IPC, con “jugosa” indemnización posterior.
Decretó una brutal reforma agraria expropiando cientos de haciendas, que arrasó
con la “oligarquía” y, de paso, empobreció más al campesinado. Arrebató a la
familia Prado sus bienes e inversiones y los acosó después con juicios penales.
La izquierda radical aplaudió. Los “tres enemigos” habían sido destruidos. Sin
embargo, ¿el Perú alcanzó el desarrollo?, ¿terminaron las injusticias?,
¿peruanos y peruanas lograron bienestar y prosperidad?.
¡No!, porque sólo era un mito. Ayer como hoy, una fantasía
revolucionaria creada por la izquierda radical.

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