El apestado

 

A través de su cuenta en la red social Twitter, el presidente argentino Alberto Fernández compartió un documento.

Es una “carta de solidaridad” con su antecesora, Cristina Fernández, viuda de Kirchner, quien actualmente enfrenta su enésimo proceso judicial por corrupción administrativa. Esta misiva fue compartida con el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. También con el presidente boliviano Luis Arce y el nuevo presidente colombiano Gustavo Petro. Extrañamente, no fue enviada al presidente chileno Gabriel Boric.

Entre 2003 y 2015, primero bajo el gobierno de su marido, Néstor Kirchner, y después bajo la mujer, el matrimonio Kirchner hizo y deshizo todo lo que quiso en Argentina. No detallaré aspectos políticos, económicos o sociales de esos años, pero sí mencionaré las numerosas denuncias por corrupción administrativa. De acuerdo a varias investigaciones del periodista Jorge Lanata, el matrimonio K multiplicó irregularmente su patrimonio equis veces cuando estuvo en el poder. Ambos, más sus dos hijos, son auténticos potentados. El patrimonio de esa familia fue calculado en miles de millones de dólares, entre dinero guardado en bóvedas, títulos valores y bienes raíces.

La viuda de Kirchner estuvo a punto de ir a juicio en 2015, pero la misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman le salvó. A lo largo de los años, ha conseguido el sobreseimiento de otros casos, no todos concernientes a corrupción administrativa. Aunque los políticos argentinos tienen fama de bastante corruptos y poquísimos enfrentan a los tribunales de justicia, los K rompieron todos los estándares. Sin embargo, Cristina (se le conoce por su nombre de pila) goza de mucho apoyo político y popular, como lo evidencian las numerosas manifestaciones favorables afuera de su apartamento en Buenos Aires y frente al Palacio del Congreso de la Nación.

¿Por qué toda esta mención?. Desde el Perú el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República, quien tiene al Ministerio Público y el Poder Judicial “respirándole en la nuca” debido a sus propias denuncias por corrupción administrativa, se apuntó a “solidarizarse” con la viuda de Kirchner, pese a que desconoce la situación legal de la dama en Argentina y sin que nadie le invitase.

Anteriormente, Fernández y Arce defendieron al “hombre sin sombrero” (este mes, por ejemplo, cuando lamentaron que no estuviera en Colombia para la juramentación de Petro), pero en menos de un mes ya no lo querrían cerca. La “solidaridad” de un gobernante con bajísima popularidad, sin ningún éxito político y con la familia próxima a pisar la cárcel por corrupción administrativa es contraproducente.

En América Latina, parece que al “hombre sin sombrero” no lo quiere cerca la gentecita del “Grupo de Puebla”. Tras la partida del polémico embajador cubano en Lima (el agente del G2, Carlos Zamora) y la fugaz visita del embajador de la dictadura venezolana al Palacio de Gobierno (los periodistas sospecharon de un intento de pedir asilo político), tampoco el “Foro de Sao Paolo”.

El “hombre sin sombrero” ya es un “apestado”.

 

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