Una fecha que la izquierda radical nunca
quiere recordar: 29 de agosto de 1975, el final de la dictadura del general
Juan Velasco Alvarado.
Ese día el general Francisco Morales Bermúdez
se pronunció desde Tacna en contra de Velasco, quien había encabezado el golpe
de estado de 1968 e instalado una férrea dictadura embanderada como la “Revolución
de las Fuerzas Armadas”. Tras la fatiga por siete largos años, no fue difícil
el “contra-golpe de Tacna”. Horas después Velasco presentaba su renuncia por
escrito y él y su mujer abandonaron el Palacio de Gobierno. Al conocerse la
noticia, en Lima y otras ciudades muchas personas celebraron. Se oía “¡Muera Velasco!”, pero ¿qué pasó en el
Perú durante esos años?.
La dictadura concentró todo el poder,
profanó las instituciones y violentó el imperio de la ley. Sustituyó la
Constitución de 1933 con el Estatuto Revolucionario de 1969. Impuso censura y
después se apoderó de la TV y los diarios nacionales. Velasco jamás fusiló a
nadie ni encarcelaba opositores, pero los desterraba o los acosaba con juicios
penales. No proscribió partidos políticos, pero la dictadura coqueteó con la
idea de nunca más celebrar elecciones.
En economía, el aparato productivo fue
destrozado por la nacionalización de empresas, la industrialización por
sustitución de importaciones y la comunidad laboral. Una brutal reforma agraria
estatista y colectivista (comparable con Cuba) convirtió grandes y medianas
haciendas en inútiles cooperativas y sociedades agrícolas causando un
holocausto rural. Precios y divisas controlados trajeron escasez y
desabastecimiento de bienes, falta de importaciones y mercado negro. Un fuerte aumento
del dinero circulante disparó la inflación. El gasto público desordenado amplió
el déficit fiscal y triplicó la deuda externa. El sobredimensionamiento del
Estado y la falta de controles institucionales fomentaron la alta corrupción.
Velasco no se benefició, pero sus incondicionales sí y siempre los protegió.
Existe el mito que la dictadura de
Velasco “promovió” transformaciones sociales, pero esas transformaciones fueron
consecuencia de sus malas políticas públicas. El Perú sí quedó transformado,
pero en el balance retrospectivo los cambios sociales fueron más negativos que
positivos. Sin embargo, las razones del 29 de agosto son dos precisas: los
violentos sucesos del 05 de febrero de 1975 (el “Limazo”) y la izquierdización.
El 05 de febrero una huelga policial mal
afrontada desprotegió Lima y, en consecuencia, hubo disturbios, saqueos,
muertos y heridos. Velasco, quien estaba físicamente débil (le habían amputado
una pierna), fue incapaz de restablecer el orden. A medida que perdía poder, se
iba “radicalizando” más, para gusto de sus “aliados”: el Partido Comunista, la
Democracia Cristiana y el Movimiento Social-Progresista. Para Morales Bermúdez
y demás, fue el colmo.
Acontecimientos políticos posteriores no
vienen al caso. Tampoco el numeroso funeral de Velasco en 1977. Únicamente, el
juicio de la Historia, que trata muy mal la “Revolución de las Fuerzas Armadas”
por fracasada.
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