A partir del “soplo” que Carlos
Ramos Heredia dio sobre el paradero del prófugo empresario Martín Belaunde
Lossio en Bolivia horas después que el Consejo Nacional de la Magistratura lo
suspendió temporalmente como Fiscal de la Nación, el escándalo se ha vuelto en
una mancha indeleble sobre el Gobierno nacional.
Belaunde Lossio habría entrado
ilegalmente a Bolivia el primero de diciembre del año anterior y ha solicitado
se le dé condición de “refugiado”, no “asilado”. Mientras las autoridades
bolivianas aún no decidan su solicitud, el antiguo amigo del Presidente de la
República y la Primera Dama de la Nación hubiese paseado libremente si no fuera
porque la justicia de Bolivia ordenó su “arresto domiciliario”, cumpliendo la captura
internacional que en septiembre pasado ordenó el Poder Judicial. Por ahora está
protegido. Si las autoridades bolivianas le negarán el refugio, Belaunde Lossio
sería extraditado al Perú. También es posible que no hubiese “refugio” ni
extradición, porque el delito de peculado por el cual el Ministerio Público lo
acusa en el Perú no existe en Bolivia.
Periodistas y un equipo de la
procuraduría anti-corrupción fueron raudos tras Belaunde Lossio, quien se
suponía estaba en La Paz, pero después apareció desafiante en una conferencia
de prensa realizada en Santa Cruz de la Sierra. El prófugo alega que “no hay
garantías” para un juicio justo en el Perú por la presión política y mediática.
Alega que es perseguido por Su Excelencia y esposa por ser “socialista”. Aunque
en el Congreso deseen lo contrario, Belaunde Lossio no hablará sobre los casos
de “turbias” licitaciones públicas de obras civiles y nexos mafiosos con
presidentes regionales o alcaldes que permitieron enriquecerse a él y su socio
Juan Carlos Rivera Idrogo si se siente seguro y, por ahora, está seguro.
Sin embargo, la imagen del
Presidente de la República y su Gobierno está muy desprestigiada por la
ausencia de un deslinde tajante con el prófugo empresario, quien siguió
vinculado a la actual pareja presidencial más allá de las elecciones generales
de 2006 y 2011, como afirmaban congresistas oficialistas. Incluso Belaunde
Lossio viajó junto a Su Excelencia hacia Venezuela en 2012 para acompañarlo al
funeral de Hugo Chávez. Las contradicciones y el mutismo pasaron factura: según
la encuesta Pulso Perú de la encuestadora DATUM, 59% de peruanos y peruanas
cree que el Presidente de la República y la Primera Dama de la Nación ayudaron
a su viejo amigo para que huya hacia Bolivia, donde rige la autocracia
indigenista de Evo Morales, con la que Su Excelencia profesa discreta simpatía.
En Panamericana Televisión el
periodista Jaime Chincha afirmó que la defensa del Gobierno nacional respecto
al nuevo régimen laboral juvenil especial es inviable, porque “se da en el contexto
del caso Belaunde Lossio”. Aunque ese razonamiento es tonto y ridículo, la
oposición dura del APRA y el fujimorismo se puede colgar de este factor
judicial para boicotear toda iniciativa del Poder Ejecutivo. Todo a causa del
factor Martín Belaunde Lossio.

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