El abogado Alfredo Bullard escribió en el diario El Comercio un artículo de opinión, en
el cual comparaba a los fujimoristas en el Congreso con los Angry Birds.
Angry Birds es un videojuego, cuyos
personajes son pájaros que siempre están enojados por culpa de los cerdos,
quienes roban sus huevos. Del mismo modo, los fujimoristas todo el tiempo están
enojados, peleando, a la defensiva. ¿Por qué?.
Tras la caída de la dictadura de Alberto Fujimori el
22 de noviembre de 2000 se inició la transición democrática que, básicamente,
terminó el 28 de julio de 2001. La transición tuvo tres pilares: (1) la
democracia debe durar en el Perú, por lo cual se necesitan partidos políticos,
imperio de la ley, institucionalidad y libre expresión. (2) Conocer la verdad para
aprender sobre los años de sangre, dolor y destrucción causados por los
terroristas de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, por
qué fracasó la democracia en la década de 1980 y cómo miseria, atraso y ruina
causados por malas políticas económicas durante muchos años nos llevaron a un
modelo en la década de 1990 -muy imperfecto- de mercado, competencia, apertura
comercial e inversión privada. (3) Reconciliación, no como amnistía, indulto u olvido
sino justicia. La necesidad de juicios “justos” para sospechosos de haber
cometido violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad,
narcotráfico o corrupción.
Igual que la izquierda radical, el fujimorismo no
participó de la transición. Sin embargo, a partir de 2006, bajo el liderazgo de
Doña Keiko F., hija mayor del ex dictador y entonces congresista, poco a poco
el movimiento político fujimorista con militantes y simpatizantes se adhirió al
consenso. No obstante, tras la derrota electoral de 2011, paulatinamente, Doña
Keiko empezó a rodearse de resentidos, intolerantes y oportunistas, empeñados
en llegar al poder. La última derrota electoral fue el acabose.
El fujimorismo de hoy quiere saltarse la transición
para evocar la legitimidad de la dictadura. Reniega de los juicios penales
contra militares y policiales sospechosos de haber cometido atrocidades durante
la época del terrorismo, busca que las versiones que componen la memoria
histórica sobre las décadas de 1980 y 1990 en el Perú sean reemplazadas por el “relato
heroico” creado por la dictadura y parece que ha optado por utilizar las
instituciones, pervertir el imperio de la ley y atacar la libertad de expresión
en contra de adversarios políticos.
Al no evocar la legitimidad de la transición sino de
la dictadura, alcanzar el poder para los fujimoristas es una “revancha necesaria”.
Por esa fuerza sectaria del fujimorismo actual, ya no se comporta como
movimiento político sino como una “logia”: ellos, los “buenos peruanos”, y los
demás, quienes ni siquiera merecerían ser peruanos, porque no son como ellos.
La izquierda radical es semejante, porque ésta tampoco
evoca mucho la legitimidad de la transición y prefiere la legitimidad de la
democracia anterior a Fujimori.
¿Qué destino espera al fujimorismo Angry Bird?. El tiempo lo dirá.

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