El Perú se está desdibujando como nunca. No es por la pandemia viral COVID-19 que azota el país desde marzo pasado sino por el Gobierno nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018.
Según el diario español El País, el Perú “vuela” en los primeros lugares del mundo en cuanto a cantidad sobrante de fallecidos por la pandemia. Cuatro veces la cifra oficial. En cuanto al número de contagiados, quizá es cinco veces más. No se puede confiar en la fiabilidad de las pruebas realizadas por el Ministerio de Salud y, encima, ya no incluye los descartes realizados por laboratorios privados. Faltan camas disponibles, ventiladores mecánicos, balones de oxígeno. Faltan medicamentos. Faltan mascarillas y ropa protectora para médicos y enfermeras. Sin embargo, el Gobierno tiene dinero y disposición para traer médicos cubanos y condecorar médicos chinos y, suelto de huesos, el “aventurero” dijo “confiar” que los contagios decrecerán pronto.
De otro lado, el último reporte de la agencia calificadora de riesgo Fitch rebajó la calidad crediticia de la deuda externa peruana, porque ven inconsistencias en la política económica de este Gobierno: deuda externa equivalente a casi 30% del PBI, déficit fiscal de 7% PBI al finalizar el año, gasto público desbocado. A su vez, el último informe del Banco Mundial señala que el Perú será el país con la mayor contracción económica en América Latina este año: -12% del PBI. De acuerdo al economista Diego Macera, la causa es el Estado de Emergencia, el toque de queda y el “aislamiento obligatorio” que el “aventurero” nos impuso en la quincena de marzo, en todo el país, so pretexto, para controlar el virus. La excepcionalidad ha sido tan larga, tan restrictiva (libertades de tránsito y reunión suspendidas) y tan generalizada, que paralizó casi toda la economía y tampoco contuvo la pandemia. El resultado: millones de desempleados, miles de empresas quebradas, empobrecimiento de las clases medias, pauperización de pobres y pobres extremos. No obstante, nadie puede criticar en medios de comunicación y redes sociales a la rock star Ministra de Economía y Finanzas.
El Estado de Emergencia y el toque de queda no han servido ni sirven contra la pandemia, pero el Ministro de Defensa quiere que se extiendan hasta diciembre o el próximo año. Si no sirven contra el virus, ahora pueden servir contra la delincuencia. La excepcionalidad sirve para cualquier propósito: la SUNEDU, sospechosamente, extienda de dos a cinco años el plazo de cierre para las universidades sin licenciamiento o varios gobiernos regionales y universidades estatales repartan canastas de víveres para funcionarios o servidores. De verdad, da asco.
Por otro lado, Oscar Ugarte, ex ministro de Salud, integrante del “Comando COVID-19” que asesora al Gobierno, se contagió en Iquitos, a donde fue con médicos de ESSALUD. Está internado en un hospital de la Seguridad Social. Sabe en carne propia lo que viven muchos médicos en el país. El congresista “rojo” Enrique Fernández Chacón también se contagió. Sin embargo, muchos periodistas minimizan el contagio de Ugarte o se burlan de Fernández Chacón, porque su hijo médico lo habría internado en una clínica privada.
Por último, cuatro embajadores escribieron una carta al Presidente del Congreso por la aprobación de leyes demagógicas y arbitrarias, como aquélla para “cargarse” los peajes de las concesiones viales. Los congresistas se indignaron. Por desgracia, los embajadores tenían razón, pero sólo el periodista César Campos se percató que la misiva tendría la anuencia del Gobierno (los embajadores debieron escribir a Torre Tagle, no al Congreso) para desacreditar a los congresistas.
Si usted
todavía reconoce este país, dichoso o dichosa. Quien escribe, le duele hacerlo.
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