Adiós PPK ("ESPECIAL")


Escribo tras oír la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski a la Presidencia de la República. Según la Constitución de 1993, tocaría a Martín Vizcarra sucederlo y concluir el mandato presidencial hasta 2021. La democracia restaurada en 2001 continúa.

Kuczynski estaba políticamente debilitado, porque desde el Congreso y los medios de comunicación se lo vincula al “escándalo Odebrecht”, la corrupción de la empresa constructora brasileña en el Perú entre 2005 y 2014. Había un pedido de destitución en curso en el Congreso. Parecía no haber votos necesarios en la Cámara, pero una reciente denuncia del fujimorismo con videos y audios revelando la supuesta “compra de votos” para evitar la destitución, a cargo del fujimorismo disidente, donde se prometía a un congresista fujimorista prebendas si se abstenía el día de la votación de la destitución, precipitó la salida.

El Consejo de Ministros se reunió en el Palacio de Gobierno. Se aprobó la extradición del ex presidente Alejandro Toledo desde los Estados Unidos, el aumento del salario mínimo y la observación a la ley que prohíbe publicidad estatal en medios de comunicación privados. Al terminar, Kuczynski se fue a su vivienda. Entonces la televisora estatal propaló el mensaje grabado donde anunció su renuncia y argumentó sus razones. No le quedaba otra opción: si no renunciaba, al día siguiente el Congreso lo hubiese destituido.

¿Cuál será la valoración histórica del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski?. Todavía es prematuro saberlo (se escribirá y se comentará al respecto en el futuro), pero Kuczynski cometió muchos errores: se equivocó al no dar una fuerte “señal de autoridad” al asumir, se equivocó al creer que el fujimorismo y la izquierda radical le facilitarían la gobernabilidad, se equivocó al creer que el periodismo sería objetivo con él y no sensacionalista, se equivocó al escuchar a “filo-fujimoristas” que le aconsejaban “ceder, ceder” ante el fujimorismo por el “bien del país”, se equivocó al no reunirse con las víctimas de las matanzas de Barrios y La Cantuta antes de indultar al ex dictador Alberto Fujimori, se equivocó al no deslindar rápidamente con el “escándalo Odebrecht”, se equivocó al no entender temprano que el APRA y el fujimorismo eran “enemigos políticos” y que no podía subestimar a los “rojos” y “rojimios”.  

Tal vez la mayor equivocación de Kuczynski fue permitir, a fines de 2016, que un insolente fujimorismo con mayoría absoluta censure en el Congreso a su ministro de Educación, Jaime Saavedra, por acusaciones infundadas. Basta recordar la arenga guerrerista del vocero fujimorista, quien hoy funge de “patricio” presidiendo la Cámara: “Por la familia, por nuestros hijos, por una educación sin corrupción, ¡vamos por la censura!”. Censurado, al fujimorismo no le interesó más Saavedra. Fue un punto de inflexión.

Aunque Kuczynski se equivocó, principalmente, en creer que bastaba conocimiento técnico de la administración pública y buenas intenciones para tener éxito político. Él nunca fue un auténtico político ni nunca aprendió a hacer política. Quizá hemos sido nosotros, la gran mayoría de peruanos y peruanas, quienes nos equivocamos al creer o aceptar que se puede estar en política o hacer política sin ser político.

No voté por Kuczynski ni tampoco disculpó sus innegables errores, pero creo pasado el tiempo el Perú, donde aún han predominan las pasiones aldeanas y los odios cainitas, entenderá que -simplemente- no era el mejor hombre para gobernar este país.


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