El Congreso reaccionó. Con 37 a favor, 54 en contra y 34 abstenciones, tras veinte horas de debate, la Cámara negó la cuestión de confianza al Presidente del Consejo de Ministros. El gabinete ministerial presidido por ese abogado avinagrado y ex diputado, conocido por ser un “fosforito”, duró menos de 20 días.
Las bancadas del FREPAP, UPP, los “rojos” del ex congresista Marco Arana y PODEMOS, el movimiento político del empresario y ex congresista José Luna Gálvez, votaron cerradamente en contra. Excepto dos, todo el fujimorismo votó a favor. También Somos Perú y el Partido Morado. No obstante, las abstenciones mayoritarias de Acción Popular y Alianza para el Progreso, el movimiento político del empresario, ex congresista, ex alcalde de Trujillo y ex presidente regional de La Libertad, César Acuña, decidieron el destino de los ministros.
Intuyendo que la Cámara no le daría la cuestión de confianza, el “fosforito” se victimizó. Habló de un “chantaje” del Congreso. Horas después el “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 apareció en TV también victimizándose, pero aceptando la votación en el Congreso y anunciando un nuevo gabinete ministerial.
Conforme a la Constitución de 1993, no hay disolución de la Cámara el último año del mandato presidencial. Por eso el “fosforito” quería ir al Congreso antes del 28 de julio. Ya los congresistas no tienen miedo. Algunos nombramientos (el joven Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo o la oportunista Ministra de Desarrollo e Inclusión Social) no fueron bien vistos en el Congreso. Hay cuestionamientos serios contra el Ministro de Educación (el escándalo político por la fallida compra de tablets para la educación rural), quien tiene una moción de interpelación aprobada, y la Ministra de Economía y Finanzas, cuyo padre y hermano fueron beneficiados con contratos de servicios en el Ministerio de Agricultura y Riego, a pesar de la prohibición legal.
Sin embargo, la suerte del “fosforito” y su gabinete estaban echadas el mismo día de la presentación ante la Cámara. Ante un país, cuya prioridad es la pandemia viral COVID-19, con hospitales colapsados, falta de oxígeno medicinal, insuficiencia de unidades de cuidados intensivos, escasez de médicos y enfermeras, el “fosforito” dio un discurso soberbio y elitista como si iniciara un quinquenio presidencial: prometió créditos universitarios, pensión mínima para jubilados, una adenda al contrato de concesión del Ferrocarril Central, la fusión de ESSALUD y el Seguro Integral de Salud (SIS), la expansión del teletrabajo, etc. Mejor dicho, fue tan irreal como el discurso del “aventurero” en las Fiestas Patrias. Para colmo, remató con una insolente frase sobre la pandemia, que pasará a la Historia: “Hemos tenido un pequeño rebrote”.
El “fosforito” sí habló de la recesión económica, pero se limitó a anunciar que el Gobierno nacional promovería los proyectos mineros paralizados y alentaría el empleo en obras públicas. Nada sobre las empresas en quiebra, los deudores de bancos o entidades financieras, el desempleo masivo, el comercio ambulatorio. Tampoco hubo una sola palabra (al Ministro del Interior nunca le oí su voz) sobre la delincuencia callejera en ascenso.
Ya salieron los amigos del “fosforito” en los medios de comunicación a despotricar del Congreso. Lo que digan ellos y el “aventurero” son mentiras: el “fosforito” cayó, porque él y sus amigos viven en otro Perú, no el Perú que hoy sufre por el maldito virus y la atroz recesión.
“Cargándose”
al “fosforito”, el Congreso ha enviado un mensaje político al “aventurero”:
estás acabado. Rectificas o caerás.
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