Cuando el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República se vuelva más y más débil políticamente, su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno se volverá más y más autoritario.
Expresé esta afirmación hace varios meses y se está cumpliendo casi a la perfección. Con el Ministerio Público y el Poder Judicial respirándole en la nuca por sus casos de corrupción administrativa, la posibilidad (ahora más real) de que el Congreso le retire del poder (el congresista Edward Málaga-Trillo sigue recolectando firmas para la tercera moción de destitución presidencial por “incapacidad moral permanente”) y la ciudadanía cada vez más molesta e iracunda (cacerolazos en Lima el domingo pasado, abucheos e insultos al “hombre sin sombrero” en Cusco el lunes), el “hombre sin sombrero” está mostrando su rostro más intolerante y violentista.
Reunido en el Patio de Honor del Palacio de Gobierno con decenas reservistas de las Fuerzas Armadas alineados como en un cuartel, de los cuales no todos pertenecen a los batallones “etnocaceristas” del ex mayor Antauro Humala (excarcelado tras diecinueve años preso por la asonada de Andahuaylas en 2005), el “hombre sin sombrero” se “victimizó” (¡cómo aburre!), calumnió a los grandes medios de comunicación y los acusó de estar coludidos con el empresariado, además insinuó que él “enseñará” a sus opositores qué es la democracia. Uno de los oradores al lado del “hombre sin sombrero” invocó el “derecho a la insurgencia”, pese a que la Constitución de 1993 no la permite en contra de los poderes públicos constitucionalmente constituidos. Por su parte, “Antaurito”, quien ya tiene un par de allegados en el Gobierno nacional, anunció días antes el arribo de miles de “sus” reservistas hacia Lima para “cerrar” el Congreso.
Tras ver esas imágenes, muchas voces en la opinión pública comienzan a percatarse las reales intenciones del “hombre sin sombrero”. Él sabe que, tarde o temprano, habrá miles y miles de personas en las calles del Centro de Lima exigiéndole que se vaya. Para acabar con esas posibles manifestaciones que le quitarían el sueño, necesita contingentes de contra-manifestantes en las calles para “romper” las manifestaciones opositoras y “meter miedo” a la ciudadanía. Necesita “fuerzas de choque”.
Las “fuerzas de choque” fueron tradicionales en la política peruana: atrás quedaron los “búfalos” del APRA, los “chitos” del Partido Popular Cristiano, los “coyotes” de Acción Popular y la “Guardia Obrera” del Partido Comunista de línea moscovita. Hasta la década de 1980 eran habituales enfrentamientos callejeros, por ejemplo, entre sindicalistas de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) comunista y la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP) aprista con garrotes, manoplas, navajas o, simplemente, a puño limpio. El “hombre sin sombrero” quiere retrotraer la historia.
A diferencia de ronderos, campesinos cocaleros, mineros ilegales y el lumpen contratado con dinero, que necesitarían comando, entrenamiento y disciplina, los reservistas (“etnocaceristas” o no) sí están organizados para hacerla como “fuerzas de choque”. Además, estarían catequizados por un burdo discurso de “lucha de clases”. Por eso el “hombre sin sombrero” creería también que las Fuerzas Armadas no dispararían sobre los reservistas de sus propias filas.
El “hombre
sin sombrero” está cruzando un umbral de donde no habrá retorno. Si quiere
violencia callejera, heridos o muertos y destrucción, si quiere “incendiar el
país”, no le quepa duda que él será echado “a la fuerza” del poder. Quien a
hierro mata, a hierro muere.
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