Las dos facciones de izquierda radical en el Congreso
están en competición.
Los “rojos” acaudillados por el ex sacerdote católico
y actual congresista Marco Arana contra los “rojos” seguidores de la ex
congresista Verónika Mendoza. A ver quién promueve y consigue la destitución
del Presidente de la República. Propósito real: la toma del poder. Objetivo
ulterior: cargarse la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico
heredado de la década de 1990.
En diciembre pasado los “rojos aranistas” presentaron
un pedido de destitución argumentando la relación de Su Excelencia con el “escándalo
Odebrecht”, la corrupción de la constructora brasileña Odebrecht entre 2005 y
2014. La mayoría absoluta fujimorista de entonces lo impulsó fervorosamente. No
se alcanzaron los 87 votos necesarios en la Cámara.
Posteriormente, el Presidente de la República otorgó
el indulto humanitario al ex dictador Alberto Fujimori y Arana y sus acólitos
presentaron un segundo pedido de destitución basándose en un “indulto
ilegítimo”. Al no tener eco en otras bancadas parlamentarias, retiraron el
pedido y, recientemente, presentaron un tercero, por los supuestos “nuevos
indicios” sobre la relación de Su Excelencia con el “escándalo Odebrecht”.
Arana busca el protagonismo que le daría una victoria
política y un motivo para insistir con elecciones constituyentes. Mendoza y el
ex presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos (con quien está peleado
desde 2012), le ganan en notoriedad. No hay “nuevos indicios” sino la misma
revelación de diciembre pasado enfocada desde distintos ángulos por ciertos
medios de comunicación. Puede haber “nuevos indicios” cuando el ex ejecutivo de
Odebrecht en el Perú, Jorge Barata, comience a hablar lo que sabe ante los
fiscales dentro de un mes.
En cuanto a los “rojos mendocistas”, ellos fueron los
grandes alabados en el debate de diciembre pasado, porque salieron de la Cámara
y no votaron, marcando distancia de los “rojos aranistas”. No les convenían
elecciones generales anticipadas, porque no tenían (tampoco tienen aún) el
movimiento político legalmente inscrito. Hoy ellos promueven su propio pedido
de destitución basándose en el “escándalo Odebrecht” y el “indulto ilegítimo” a
Fujimori.
Parece que los “rojos aranistas” y los “rojos
mendocistas” no tienen intención de presentar un pedido conjunto. Cada facción
está buscando frenéticamente por separado apoyo de los demás partidos políticos
para ganar a la otra facción. El congresista del APRA Javier Velásquez Quesquén
se ha dado cuenta: el “escándalo Odebrecht” es un pretexto. Se quiere
“castigar” a Su Excelencia por el indulto y ésta es una competición de
izquierdismo. Que Mendoza haya proclamado públicamente que la destitución
presidencial es el primer paso para liquidar el “régimen neoliberal fallido” lo demuestra.
¡Allá Acción Popular y Alianza para el Progreso si
quieren hacer el juego al “rojerío”!, ¡allá esos fujimoristas que se presumen
listos, listísimos, y creen que podrían usar a la izquierda radical cuando
realmente los “rojos” los usarían a ellos!.

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