¿Saben el locutor radial Phillip Butters y la ex
voleibolista Natalia Málaga, defensores de la pena de muerte, quién fue Jorge
Villanueva, el “monstruo de Armendáriz”?.
En 1954 un niño de 3 años de edad, Julio Hidalgo, fue
hallado muerto y con signos de supuesta violación sexual en una covacha por la
quebrada de Armendáriz, entre los balnearios de Miraflores y Barranco. Los
diarios exigían justicia. Un vendedor de turrones, Ulderico Salazar, declaró a
la Guardia Civil que vio al niño con un hombre negro, quien le compró un turrón
y se fue con él. Los detectives criminalistas detuvieron a varios hombres negros
y uno de ellos (el identificado por Salazar) fue Jorge Villanueva.
Siendo niño Villanueva fue ladronzuelo. Cuando era
joven, solía subir a los tranvías de Lima para robar billeteras o carteras.
Tenía 35 años de edad, había estado en la cárcel y era conocido como vago y
ladrón en comisarías. Los antecedentes, la presión mediática, la ineptitud
policial y el racismo de la época convirtieron al infeliz en el “culpable ideal”.
Villanueva fue arrestado por la Guardia Civil. Desde
el principio negó ser el culpable, pero días después los detectives afirmaron
que había confesado. Ante el tribunal correccional, declaró que fue “torturado”
para auto-inculparse. Tampoco había mayores medios probatorios, pero los
diarios agitaron a la población pidiendo “pena de muerte”. El proceso penal
duró dos años y fue condenado a muerte. En 1957 la Corte Suprema de Justicia
ratificó la sentencia.
¿Villanueva era culpable?. Según el médico forense
Víctor Maúrtua, la autopsia al niño fue mal realizada. Nunca hubo estupro.
Realmente, el niño fue arrollado por un automóvil y murió al caer por la
quebrada. No obstante, desde el inicio los diarios liderados por Última Hora querían sangre, la sangre
del apodado “monstruo de Armendáriz”. Además, el defensor legal de Villanueva
era el joven abogado Carlos Enrique Melgar (futuro constituyente y senador),
militante del APRA. En la época del proceso, imperaba la dictadura del general
Manuel Odría y ésta mantenía una feroz persecución contra los líderes apristas.
A pesar de la lúcida defensa de Melgar, que él fuera aprista ya condenaba a su
defendido.
Para el 12 de diciembre de 1957 se programó la
ejecución en la Penitenciaría de Lima por fusilamiento de la Guardia
Republicana. Ocho guardias llevaron a Villanueva lloroso hasta el poste, al
cual fue atado. Hasta el final negó haber cometido el crimen. Sus últimas
palabras segundos antes que lo fusilaran fueron “¡Soy inocente!”.
Este año hubo una representación teatral del caso del
“monstruo de Armendáriz”, donde el personaje de Melgar fue encarnado por el
abogado y ex diputado Enrique Ghersi. También Duberlí Rodríguez, ex diputado y
presidente de la Corte Suprema de Justicia, dijo públicamente que la judicatura
estudia una posible absolución póstuma a Villanueva.
¿Pueden Butters o Málaga garantizar que no habría uno,
dos, diez o cien nuevos casos penales como el “monstruo de Armendáriz” si
hubiese otra vez la pena de muerte?.

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