Traídas por el escritor Mario
Vargas Llosa estuvieron en el Perú las señoras Lillian Tintori y Mitzi
Capriles, esposa de dos presos políticos venezolanos.
El marido de Tintori es el ex
alcalde del municipio Chacao, Leopoldo López, y el esposo de Capriles es
Antonio Ledezma, actual alcalde mayor de Caracas. Ambos fueron arbitrariamente
detenidos por la dictadura de Nicolás Maduro. Las dos damas han recorrido los
Estados Unidos, Europa y América Latina buscando apoyo para la liberación de
sus cónyuges, encarcelados por rechazar la Revolución Bolivariana y el legado
de corrupción, miseria y criminalidad que ha traído. Hasta el momento han
sumado importante respaldo para la causa de ambas. Vargas Llosa las trajo para
una conferencia sobre la democracia y la libertad.
En el Perú recibieron el apoyo
del APRA, Perú Posible, el Partido Popular Cristiano, Somos Perú, Acción
Popular y Solidaridad Nacional. En el Congreso hay un pedido de moción de orden
del día para condenar los arrestos de López y Ledezma, que no tiene el respaldo
del Partido Nacionalista (oficialismo) y el fujimorismo. La Presidenta del
Consejo de Ministros y el Ministro de Relaciones Exteriores se reunieron con
ellas, pero el Presidente de la República no.
Cuando los reporteros
aprovecharon que visitó la zona devastada por deslizamientos de tierra al este
de Lima para preguntar por qué no recibió en el Palacio de Gobierno a Tintori y
Capriles, Su Excelencia se enredó en sus palabras y dijo que no se debía
confundir “Juancha con Pancha” (¿?).
Al margen de esa cantinflesca declaración del Presidente de la República, es
obvio que el Perú ha variado la política exterior hacia Venezuela durante su
Gobierno.
Durante los gobiernos de Valentín
Paniagua, Alejandro Toledo y Alan García el Perú mantuvo una política
institucionalista de defensa de la democracia y los derechos humanos respecto a
Venezuela basada en el cumplimiento de la Constitución de 1999 y la Carta Democrática
Interamericana de 2001. Acá han recibido asilo político varios importantes
opositores a la Revolución Bolivariana durante los trece años del ex teniente
coronel Hugo Chávez. Sin embargo, en 2011 esa política cambió y eso ayudó a
convalidar la captura del poder por Maduro y los pillos bolivarianos tras la
muerte de Chávez, el fraude electoral de 2013, el desafuero a diputados
opositores a la Asamblea Nacional, el arresto de alcaldes opositores, la
represión a las protestas estudiantiles y las reiteradas violaciones a los
derechos humanos bajo el contexto de inflación, escasez, desabastecimiento,
latrocinio, persecución, censura y violencia.
¿Por qué al Presidente de la
República le cuesta tanto “romper” con Venezuela?. Hay muchas hipótesis, pero su
silencio o indiferencia parece complicidad con la satrapía venezolana. Lo mismo
ocurre con Chile, Brasil, Uruguay, México, República Dominicana, El Salvador,
Costa Rica o Haití. No obstante, esa vergonzosa política exterior -criticada ya
por el mismo Vargas Llosa- para el Perú se la cobraremos con creces quienes
creemos en la libertad y la ley.


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