La congresista Verónika Mendoza, la candidata
presidencial de izquierda radical para las elecciones generales de este año,
dijo en entrevista al diario Perú21 que el Presidente de la República los había
“traicionado” y, por eso, dejaron su Partido Nacionalista.
No es el único personaje que llama “traidor” a Su
Excelencia: políticos, sindicalistas, intelectuales o periodistas de pedigrí “rojo”
o “rojimio” dicen lo mismo. ¿En qué consiste esa “traición”?, ¿cómo fue la “traición”?.
No se trata de una defensa del Presidente de la República (¡qué se defienda
solo!) sino de análisis político.
“¡No cumplió el plan
de La Gran Transformación!”,
dirán algunos. Ese plan de estirpe populista, estatista y colectivista no
triunfó en las elecciones generales de 2011. Ganó la “Hoja de Ruta”, una versión
light de ese plan, pero que,
fundamentalmente, prometía respetar la democracia restaurada en 2001 y el
modelo económico heredado de la década de 1990. A esto se añade el célebre “juramento
de la casona San Marcos”, en el cual Su Excelencia cuando era candidato “juró”
(aún no sé bien si fue por Dios o por el escritor Mario Vargas Llosa), además,
defender los Derechos Humanos y garantizar el periodismo libre. Cumplió.
“¡La gente votó por
un cambio!”, dirán
otros. ¿Cambio de qué?. Quien escribe le fastidia la palabrita “cambio”, que
puede significar cualquier cosa. ¿Algo “cambió” en estos cinco años?. Sí, tanto
que ahora los temas de la campaña no son los mismos de la última elección y las
preferencias por candidaturas tampoco. Juzgue usted qué cambió en el país.
“¿Qué pasó con los
pobres y excluidos?”,
alegarán otros. El Presidente de la República prometió en campaña una nueva
política social y cumplió. Ahí están Pensión 65, Beca 18, Cuna Más, SAMU, FISE,
Qali Warma, etc. Que esa nueva política social sea muy asistencialista y
discutiblemente efectiva en aliviar las condiciones de pobreza y pobreza
extrema es otro asunto.
“¿Honestidad para
hacer la diferencia?”,
refutarán los más cínicos. Después de un quinquenio, ya sabemos que el problema
no era la honestidad. Su Excelencia no ha sido honesto ni deshonesto, sólo un
político deseoso de llegar al poder para hacer, no se sabe bien, qué.
“¡Se entregó a la
Derecha!”,
gritarán los más resentidos. La mayoría del electorado en segunda vuelta no
votó al Presidente de la República para que hiciera una revolución socialista e
izquierdizara al país sino para que continuara modernizándolo en la senda de
Occidente. Juzgue usted si cumplió.
Entonces, ¿cuál fue la “traición”?. Personalmente, la
única traición fue a los “rojos” y “rojimios”, quienes creyeron que el triunfo
electoral era propio para ocupar cargos públicos, politizar el Estado,
ideologizar a la sociedad y acabaron expulsados del Gobierno nacional. Querían cogobernar
con Su Excelencia, como la dictadura del general Juan Velasco Alvarado
(1968-1975) cogobernó con el Partido Comunista, el Movimiento
Social-Progresista y la Democracia Cristiana izquierdista.
La Historia perdonará esa “traición” al Presidente de
la República.

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