De Dina Boluarte a José Jerí

 

En una vorágine de acontecimientos, cayó el gobierno de Dina Boluarte.

Aparentemente, el desencadenante fue el atentado criminal al concierto de la orquesta musical Agua Marina en Chorrillos, que evidencia notoriamente la crisis de seguridad en el país, pero para los sectores “de derecha” que dominan el putrefacto Congreso era hora de prescindir de quien sostuvieron políticamente durante treinta y cuatro meses. Cuatro mociones de destitución votadas en la Cámara, procedimientos parlamentarios acortados y una votación de 124 congresistas acabaron con uno de los episodios más negros de la historia contemporánea de Perú.

Quien escribe nunca dudó que los sectores “de derecha” traicionarían a quien habían cobijado. Contra lo que suponían esos “comentaristas políticos” repitiendo que no pasaría nada, los sectores “de derecha” no podía, por ningún motivo, llegar a la campaña electoral del próximo año con ese muñeco de carne y hueso, que habitaba el Palacio de Gobierno, blanco de todos los odios colectivos y toda la ira popular. Por ahora, más de un o una congresista, que aspira a la reelección el siguiente año con una senaduría o una diputación, hinchará pecho orgulloso u orgullosa diciendo que “salvó a la patria”. Como dije en su momento, cuando los congresistas voten la destitución (votación realizada casi a la medianoche), no será pensando en nosotros sino en ellos.

José Jerí, quien presidía la Cámara, juramentó como Su Excelencia, el Presidente de la República, en horas de la madrugada. Se ha iniciado un interinato. Sin embargo, la sucesión constitucional de 2025 está salpicada de “ilegitimidad”. El Congreso aprobó el año pasado la reforma constitucional para restablecer la bicameralidad, pero tan mal hecha que éste “se salió” de la Constitución de 1993. Por eso el Congreso es “ilegítimo”, además de impopular. Por eso la Cámara es “espuria”, porque todo el proceso legislativo está “viciado”. Por tanto, si el impopular e “ilegítimo” Congreso instala un Gobierno interino, éste nacerá “ilegítimo”.

Adicionalmente, el nuevo Presidente de la República carece de la fuerza política propia y el prestigio social para liderar el interinato en el difícil contexto económico y social del país. Probablemente, Su Excelencia no sea más que un “títere” de los sectores “de derecha” que continúan dominando el putrefacto Congreso. Para colmo, el nuevo Presidente de la República, abogado soltero de 39 años de edad, con los cuestionamientos en su contra por supuesta violación sexual a un mujer y enriquecimiento ilícito, además de su trayectoria de lobista (él alentó un proyecto de ley para “saquear” las cajas municipales de ahorro y crédito) y su gusto aparente por la pornografía, es el personaje menos idóneo para ocupar el Palacio de Gobierno.

¿Quiénes serán los nuevos ministros?. Lo ignoramos. ¿Durará?. Tampoco lo sabemos. Sólo sabemos que tenemos el quinto gobierno nacional no-electo en siete años y la quinta sucesión constitucional desde 2018. Tal vez el país ya esté tocando fondo o debamos caer un poco más para tocar fondo. 

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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