¿Qué es el
anti-fujimorismo?, ¿quiénes son y quiénes fueron anti-fujimoristas?.
El
anti-fujimorismo en el Perú nació el 05 de abril de 1992. Ese día Alberto
Fujimori, quien había llegado a la Presidencia de la República en 1990 mediante
comicios libres y estaba ejerciendo un gobierno relativamente democrático, dio
un golpe de estado. Abrogó la Constitución de 1979, cerró el Congreso,
intervino el Ministerio Público y el Poder Judicial, reorganizó la Contraloría
General de la República, desactivó el Consejo Nacional de la Magistratura y el
Tribunal de Garantías Constitucionales, recompuso el Jurado Nacional de
Elecciones y disolvió las asambleas regionales. También impuso censura, detuvo
opositores y desplegó militares en las calles.
La gran
mayoría de peruanos y peruanas apoyó la naciente dictadura, porque Fujimori
promete la noche del golpe “prosperidad”, “orden” y “moralidad”. Por eso la
dictadura duraría varios años y sería poco represiva y cruenta. No había
necesidad, porque el anti-fujimorismo era minoritario. Los ricos apoyaban a
Fujimori por la liberalización de la economía, la apertura comercial y la
inversión privada, además de la lucha antiterrorista. Los pobres apoyaban a
Fujimori por la lucha antiterrorista (se la atribuyeron a él), la
estabilización económica y los programas sociales, aunque éstos fuesen clientelares.
El anti-fujimorismo se nutría, esencialmente, de las clases medias (como los estudiantes
universitarios) y no era más de un tercio de la población de entonces.
¿Quiénes
eran anti-fujimoristas?. Quienes nunca estuvieron de acuerdo con la dictadura o
rechazaron su prolongación. Por un lado, había anti-fujimoristas que sólo se
oponían a la dictadura, pero no a las reformas de mercado en la economía. Del
otro lado, los anti-fujimoristas que rechazaban la dictadura y su política
económica. A todos los movía el ideal de democracia. Cuando Fujimori empezó a
incumplir sus promesas de 1992, el anti-fujimorismo comenzó a aumentar. La
prosperidad desapareció en los últimos años. Después, el orden, como capacidad
para que el país funcione bien. Por último, la moralidad, cuando se comprobó
que la dictadura estaba “embarrada” de estiércol. El asesor de inteligencia Vladimiro
Montesinos era el regente del estercolero.
La caída de
la dictadura y la transición a la democracia en los años 2000 y 2001 fueron el
triunfo de ese anti-fujimorismo con ideal democrático, aunque terminaron liderando
quienes no se opusieron a las reformas de mercado de la década de 1990.
Acertarían, porque en democracia se viviría un boom económico, que reduciría la pobreza significativamente y
produciría prosperidad. Sin embargo, la vuelta de un fujimorismo reconstituido
(poco redimido y bastante “perfeccionado”) liderado por doña Keiko F., hija
mayor del ex dictador, por los errores políticos de la democracia, también rehace
el anti-fujimorismo.
Este
anti-fujimorismo es diferente: hay quienes son anti-fujimoristas, porque sólo
desean “cargarse” el modelo económico heredado de la década de 1990. Otros apoyaron
a Fujimori y hasta colaboraron con la dictadura, pero después serían rabiosos
anti-fujimoristas para “limpiar” sus antecedentes. También hay quienes fueron
anti-fujimoristas bajo Fujimori y resintieron que fueran otros y no ellos
quienes participaran en la Transición. Son todos estos anti-fujimoristas
quienes han influido en mentes más jóvenes (como los actuales universitarios),
sin recuerdos de la dictadura, a “odiar” el fujimorismo y a quienes no sean
anti-fujimoristas creyendo luchar por un “nuevo Perú” cuando, realmente, son
“marionetas” de estos seres ruines.
Fui
anti-fujimorista, porque estaba en contra de la dictadura de Alberto Fujimori y
creía en un ideal democrático. A los anti-fujimoristas de hoy sólo los mueven
sentimientos perversos.

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