Nuevamente, protestas de comuneros en Apurímac
contrarios a la explotación de la mina Las Bambas por la empresa MMG Limited, de capitales australianos.
Bloqueo de carretera: delito flagrante. Enfrentamiento
violento con la Policía Nacional. Saldo trágico. Nuevamente, ciertos políticos,
intelectuales y periodistas hablan de “conflicto social”. Según ellos, la
sociedad peruana es “súper-conflictiva”. Es un nido de pujas y disputas.
¿Acaso no hay “conflictos sociales”?. En toda sociedad
hay conflictos. Incluso en épocas de polarización política o crisis económica,
la conflictividad social aumenta. Individuos o colectivos quieren hacer
prevalecer sus intereses sobre otros. Para canalizar esos conflictos, surge el
imperio de la ley. Instituciones y normas forjadas a lo largo del tiempo
existen para resolver en beneficio de las mayorías con el menor perjuicio
posible a las minorías. No siempre individuos o colectivos ganarán, porque debe
prevalecer el interés mayoritario y la decisión debe acatarse en beneficio de
la convivencia social.
¿Qué sucede cuando ciertos individuos o colectivos
quieren hacer prevalecer sus intereses por encima de las instituciones y las
normas que defienden el interés mayoritario?. En eso consisten los mal llamados
“conflictos sociales”. Entonces el Estado debe restablecer el imperio de la
ley. ¿Qué ocurre cuando, quienes alientan los “conflictos sociales”, los mueve una
ideología totalitaria y un propósito político?, ¿qué pasa cuando apelan a mentiras
y medio-verdades o aprovechan la ignorancia y la buena fe?. Así es el accionar
de esa izquierda radical manipuladora y agitadora, que estimula la “lucha de
clases”, “agudiza las contradicciones” en la sociedad, desea convulsionar el
país y sueña con llegar al poder para “liquidar” el modelo económico heredado
de la década de 1990 y hasta la democracia restaura en 2001.
Cuando políticos, intelectuales y periodistas hablan
de “conflictos sociales”, pregonan el “diálogo” para resolverlos. Diálogo,
negociación, acuerdos, actas, pacto social: nunca el imperio de la ley. Incluso
culpan al Poder Ejecutivo por no haber propiciado el “diálogo” antes que surja
el “conflicto social”. Suena lindo: dos partes se sientan alrededor de una mesa
a “dialogar” y “negociar”, porque quieren alcanzar un acuerdo. No se contempla
la posibilidad que alguna de las partes no quiera el acuerdo e insista en
imponerse contra todo y todos. Puro “buenismo” de quienes, realmente, no creen
en el imperio de la ley y para quienes toda protesta es válida y toda forma de
protestar es justificada.
Por eso existen políticos, intelectuales y periodistas
a quienes no le molesta que masas levantiscas y delictivas bloqueen carreteras,
destruyan propiedad pública o privada, secuestren personas y hasta las humillen
o golpeen, porque son agentes sociales en “conflicto” buscando una solución. Éste
es un discurso utópico esbozando una humanidad angelical.
¿A dónde nos conducirá como sociedad esta perversión
del lenguaje y esta degeneración de la política?. A nada bueno, creo.

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